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Clubes que (de verdad) entrenan personas: un escaso gran valor añadido

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Me hablaron de Juan, un chico de unos quince años que había dejado de jugar a su deporte favorito ‘harto’ de tanta competitividad, de que sus padres estuvieran pendientes de su rendimiento, de que se le pidiera que fuera mejor que sus compañeros. Dijo que quería vivir su propia vida. Al cabo de unos años, decidió practicar otro deporte, porque simplemente le apetecía.

También hablé con Andrés, que decía que agradecía a los entrenadores que había tenido porque le habían enseñado muchas cosas y además había disfrutado mucho con su deporte favorito. Recordaba su experiencia como gratificante y seguía practicando el deporte con sus amigos aunque en una competición menor que le permitía compaginar mejor el deporte y los estudios que él había elegido.

Ambos deportistas habían sido de los mejores en categorías inferiores. Ambos habían estado en dos clubes que competían por lo mismo. Ambos con la misma edad. Con resultados deportivos similares, pero con experiencias muy diferentes.

Sabemos que cada persona es distinta. Aunque con características comunes a todos. En cambio, es bastante habitual “dar a todos lo mismo”, sin tener en cuenta esas características individualizadas de cada deportista. Parece que ya lo dijo Einstein: “Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil“. Cada persona necesita un trato individualizado para dar su máximo potencial. ¿Realmente tenemos esto claro, o le damos y pedimos a todos lo mismo?

Sabemos que cuando facilitamos a los jóvenes deportistas experiencias gratificantes, que supongan un reto, orientadas a la mejora individual y colectiva, estos deportistas son cada vez mejores. En cambio, si centramos todo nuestro esfuerzo en únicamente ganar, presionando a los deportistas para que esto sea así buscando el rendimiento inmediato, la evolución es menor y la experiencia puede ser tremendamente estresante y desagradable, generando en muchos casos bajo rendimiento y abandono deportivo cuando el joven tiene posibilidad de decidir.

Y claro, para el desarrollo deportivo y personal de esa persona que practica deporte, no es lo mismo que ese joven deportista tenga unas condiciones que otras. No es lo mismo que se le “enseñe” a ganar por encima de todo, asociándolo a emociones desagradables, al rendimiento inmediato sin priorizar el aprendizaje entendiendo que es “normal” sufrir constantemente; a que aprenda que un reto deportivo es apasionante, donde es bueno buscar soluciones adaptadas a él o ella, donde el aprendizaje constante está asociado a emociones facilitadoras y que es bueno e ilusionante darlo todo para luchar por lo que uno quiere. Aunque seguramente ambos caminos pueden dar resultados deportivos similares, no es lo mismo, desde luego. No es lo mismo.

Cuando un padre o una madre decide apuntar a su hijo o hija a practicar a algún deporte, debería preguntarse aspectos como: ¿cuáles son los objetivos de esa escuela? ¿Están en la línea de lo que yo quiero para mi hijo/a?; o ¿los técnicos están debidamente cualificados?; ¿existe una propuesta de desarrollo personal asociado al deportivo para mi hijo/a?; ¿qué papel tengo yo como padre/madre dentro de esa planificación deportiva/personal donde estará mi hijo/a? ¿estoy dispuesto a asumir ese papel?… porque no es lo mismo que compitan para ganar por encima de todo, que desarrollar a cada niño/a de manera individualizada para que se desarrolle como persona y deportista.

O los técnicos deberían reconocer esas características individuales de cada deportista, para adaptarse a ellos/as dentro del grupo. Y saber cómo desarrollar, por ejemplo valores que trascenderán al aspecto deportivo. O hacerles más fuertes mentalmente, para que después se enfrenten con eficiencia a las diferentes situaciones de su vida.

Y así con los dirigentes y demás responsables y todos los que intervienen en el club deportivo. Porque antes que deportistas, son personas únicas que hacen deporte; y que muchas veces aún están en fase de desarrollo psicológico, emocional; y practican una actividad deportiva que les resulta muy impactante en sus vidas.

¿Qué escuelas hacen eso? ¿Qué clubes son capaces de crear esas condiciones óptimas para desarrollar (digo entrenar) de manera individualizada dentro de un colectivo a cada niño/a para que sea mejor persona y deportista? Y sobre todo, a los clubes que intentan que esto sea así, ¿se les reconoce con un importante plus extra? Y ¿son capaces de “vender” adecuadamente ese fundamental valor añadido de una escuela (club) deportiva?

Deberíamos ser cada vez más conscientes de la importancia de dar lo mejor a nuestros niños/as y jóvenes a través del deporte. Y “venderlo” como un gran valor añadido de la propia actividad deportiva “más clásica”. Así se beneficiarían mucho más esos Juan, Andrés, Marta, Lucía… y todos esos introvertidos, extrovertidos, más o menos inteligentes, más o menos activos, sensibles… todos los/as niños y jóvenes que practican deporte, dándole a cada uno lo que se merece. Por su bien, por el buen “entrenamiento” personal de cada uno. Mucho me temo que no se le da la importancia que se merece a ese, quizás escaso, gran valor añadido.

David Peris Delcampo
@dperisd
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Presidente de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte

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