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Nueve meses de cárcel por insultos racistas a un árbitro: ¿son estas sanciones la única solución?

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El árbitro Mamadou Sow | Foto: Agencia EFE

Aunque generalmente las sanciones y castigos a aquellos que infringen las leyes de comportamiento cívico en una instalación deportiva son aplicadas por las federaciones e instituciones, hay casos particularmente graves en los que la justicia se ve obligada a actuar.

Como muestra, un botón: esta semana conocíamos la sanción (via Heraldo de Aragón) de nueve meses de cárcel y 500 euros de multa a un padre de Zaragoza, Rafael Pérez, que estuvo implicado en un episodio de insultos racistas a un árbitro guineano el pasado 28 de enero de 2017. Al otro padre implicado, Juan Carlos Berdusán, se le ha condenado a cuatro meses de prisión por un delito de resistencia a la autoridad. Eso sí, ambos han sido absueltos de la acusación por delitos de amenazas y de incitación al odio.

Recordemos los hechos: el árbitro Mamadou Basirou Sow, el colegiado de 21 años, denunció en enero de 2017 los insultos racistas recibidos durante un partido de Alevines en tierras mañas entre Atlético Ranillas y Helios, con niños de 10 y 11 años como testigos del ‘espectáculo’ en las gradas. La Policía Nacional se llevó detenidos a dos padres por insultos que “repetidamente” dedicaron al árbitro. El titular del Juzgado de lo Penal número 2 de Zaragoza, en su auto, considera que Pérez gritó con “claro ánimo discriminatorio” expresiones como “negro, negrito de mierda, me cago en tu raza” para “humillarle, intimidarle, menospreciarle y ofender su dignidad sin otro motivo que pertenecer a la raza negra”. Sow, en su vista, declaró que se sintió “humillado” aquel día y que ha dejado de arbitrar.

El juez destacó que este tipo de insultos, pese a ser habituales, no dejan de ser censurables: “Si algo quedó claro en el juicio es que en el partido se gritaron otros insultos y recriminacionesalgo que no por sabido resulta menos lamentable y vergonzoso”, explicó. Además, uno de los agravantes es el contexto en el que se produjeron los insultos, en pleno partido de Alevines: “El árbitro puede ser criticado, pero no insultado. Y menos delante de niños, a quienes se les debe educar, por parte del club deportivo y por parte de sus padres y demás familiares”, consta en el fallo.

El lento pero insistente trabajo de concienciación social respecto a este tipo de comportamientos ha tenido un doble efecto en casos como este: las víctimas tienen menos reparos en denunciar las vejaciones e insultos sufridos, y un endurecimiento de las penas con aquellos individuos que optan por la violencia (física o verbal) en las disputas deportivas.

Salvador Gomar, secretario general de la Federación de Fútbol de la Comunitat Valenciana, recuerda la necesidad de separar lo que es la sanción deportiva (dependiente de las federaciones, en la que el acta del partido es la herramienta principal del árbitro para denunciar estos hechos) y otra la vía administrativa o penal (denuncias en comisaría).

“La justicia siempre actúa. Todo lo que sea reprender a quien no hace bien las cosas es buena noticia. Me parece un avance positivo gracias a la concienciación social, que la gente tenga claro que insultar puede tener consecuencias. Es buena noticia que se ataje“, explica a este periódico.

Otra voz autorizada, Miguel Ángel Ayza Gámez -ex árbitro de Primera División- también es partidario de que la justicia actúe ante casos así de graves: “El importante que los infractores sepan que estos comportamientos no quedan impunes, y de paso la sociedad comprenda que actuar así no sale gratis“, indica. Lacras como “el machismo, el racismo o la xenofobia” deben combatirse con todas las herramientas, aunque “lo ideal” sería que se pudiesen solventar “gracias a la formación y la educación”.

“Lamentablemente, vivimos una época de mucha intolerancia y falta de respeto. Para mi es una desgracia que haya que llegar a este tipo de penas y sanciones tan duras para que la gente se conciencie”, lamenta Gámez, “porque estamos hablando de fútbol base, con gente muy joven involucrada y a la que hay que dar ejemplo”.

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