La imagen venía siendo habitual de un tiempo a esta parte: un césped artificial ‘raro’, despeluchado, que se desprendía al tacto o al roce igual que ocurre con la hierba natural. Algo no iba bien, y en el Unión Imposibles Beteró lo sabían. Pero no podían imaginar el deterioro tan súbito, tan rápido y con consecuencias tan graves para su escuela: desde hace un par de semanas, la FFCV ha declarado no apto el terreno del juego del Campo Municipal de la Malvarrosa para la disputa de partidos federados. Una decisión que ha puesto contra las cuerdas a la escuela y a sus responsables.
Un problema que acaba de explotar pero que, desgraciadamente, la escuela llevaba anticipando cerca de dos años. «Lo venimos denunciando desde diciembre de 2024«, explicó el presidente Cristobal Peris a ESPORTBASE Media, «cuando la degradación del césped empezó a ser muy preocupante».
El origen del problema también lo tienen ubicado: ocurrió en el año 2019, de cuando data el último cambio del terreno de juego. Al tratarse de una instalación municipal dependiente de la FDM Valencia, ni el Unión ni el Malvarrosa CF -la otra escuela usuaria de la instalación y que comparte gestión con los ‘dimoniets’– tuvieron nada que ver en el proceso de sustitución. La empresa que ejecutó la instalación no reemplazó el césped nuevo por el antiguo, sino que realizó los trabajos del nuevo tapete sobre el anterior. Un césped nuevo encima del viejo.
Una ejecución que se ha llevado a cabo en otras instalaciones (por ejemplo, hace unos años en el Campo de Marxalenes) y que arrojó resultados similares: pasado el tiempo, el césped comenzó a deshilacharse, «a pudrirse», a perder agarre y a ‘pelarse’ con muchísima rapidez, pese a los intentos de las escuelas por llevar un mantenimiento óptimo del campo.
La inspección negativa de la FFCV
El Unión Imposibles Beteró ha pasado los últimos dos años alertando a la FDM Valencia de la situación. «La Fundación ha venido realizando pequeñas intervenciones intentando solventar la situación», reconoce Peris cuando le preguntamos por los ‘parches’ de césped nuevo que pueden verse a lo largo y ancho del campo de fútbol-11. Pero, obviamente, no era suficiente. Y el punto de no retorno llegó hace unas semanas, tras un acta arbitral en uno de los partidos disputados en Malvarrosa que hizo hincapié en el estado del terreno de juego.

A raíz del comentario del árbitro, la Federación de Fútbol de la Comunitat Valenciana envió a un responsable a realizar una inspección días después. Luego, otra. Y por último, y pese a los ruegos de las dos escuelas respecto a las soluciones que estaban en camino, una tercera hace dos semanas en la que se confirmó la mala noticia: «No apto». La FFCV no permite jugar partidos oficiales en Malvarrosa hasta nueva orden. Un movimiento que en el Imposibles consideran como «demasiado estricto» al ni siquiera plantearse un uso parcial de las zonas no tan afectadas por el césped en mal estado para la disputa, por ejemplo, de partidos de fútbol-8 que aliviarían la situación.
Un perjuicio cuadruple
Así las cosas, Imposibles Beteró y Malvarrosa arrancan el mes de noviembre sin poder jugar partidos oficiales en casa. Ambas escuelas alternan los fines de semana como locales para poder dar cabida a todos sus equipos; en total, cerca de 500 jugadores entre las dos entidades. «Quinientas familias dependen de esto», insiste Peris a la hora de hablar del problemón que se les ha generado por una mala ejecución de una obra de la cual no tienen culpa, pero de la que sí estan pagando las consecuencias.
La primera y más evidente: ambos clubes están trabajando a contrarreloj cada semana para cerrar acuerdos con otros clubes y escuelas y poder jugar sus partidos como locales en otras instalaciones. Un reto mayúsculo a la hora de encontrar campos en Valencia capital, una ciudad totalmente saturada y con una falta de espacio para la práctica deportiva alarmante (y de la que este periódico lleva casi una década advirtiendo). Muchas veces la solución es salir fuera del Cap i Casal, obligando a padres, acompañantes y jugadores a desplazarse en vehículos particulares con el consiguiente gasto en combustible y en tiempo. El segundo ‘faenón’ es perder el factor campo en dichos partidos, al no contar con ese ambiente favorable que sólo se consigue cuando juegas como local.
El tercero, quizá el más importante, es el económico: el ‘agujero’ para el Unión Imposibles Beteró y también para el Malvarrosa, que por el momento están costeando de su bolsillo los alquileres de campos ajenos para jugar sus partidos sin saber si la FDM Valencia se va a comprometer o no a abonar o sufragar parcial o totalmente esas cantidades. Y, de rebote, llega la cuarta consecuencia negativa: una de las principales fuentes de ingresos de la escuela, el kiosko-bar del Campo de Malvarrosa, se ha ‘secado’ a nivel de caja en los dos días (sábados y domingos) en los que más recaudaba cada semana. «Esta situación es difícilmente soportable para las economías de ambos clubes», alertó Peris en su denuncia.
La solución se retrasa
Desde que explotó la polémica, las escuelas están a la espera de la que la FDM Valencia ejecute los trabajos para reemplazar el césped ahora sí desde cero para asegurar la durabilidad de la instalación. Sin embargo, los plazos que maneja el Unión son preocupantes: «No nos han dado una fecha concreta a pesar de preguntar con insistencia. Sólo una orientativa, que sería el mes de enero de 2027, lo que nos obligaría a estar más de dos meses como hasta ahora. No podemos asumirlo, el agravio es demasiado grande y nos obligaría incluso a paralizar entrenamientos durante casi un mes», explica el presidente.
Las escuelas han tratado de que la FDM Valencia acelere los plazos y se aproveche el parón de Navidad (en el que tampoco podrán llevar a cabo sus habituales campus, provocando más pérdidas económicas) para llevar a cabo los trabajos de sustitución. De momento, no han logrado ningún compromiso en firme. También agradecerían algo de comprensión y mano izquierda por parte de la FFCV, tras ser tan taxativos en la prohibición de disputar partidos oficiales en su campo.
Y finalizamos la conversación con el agradecimiento del Unión Imposibles a todas las escuelas que se han ofrecido, públicamente y en privado, para ceder franjas horarias de sus instalaciones para que los ‘dimoniets’ puedan jugar sus partidos. Peris resume el sentimiento con una frase: «La solidaridad entre clubes y escuelas es total porque todos saben que, algún día, lo que nos ha ocurrido a nosotros les podría suceder a ellos también«.
