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El ‘caso Sanders’ o la condición psicológica del deportista

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Impacta oir que los/las mejores ya no pueden más. Hasta ahora, no era lo habitual hablar con tanta claridad o no se conseguía la trascendencia informativa que requerían los hechos. Antes se presuponía, se decía, ahora empieza a creerse, que el factor mental (psicológico) en muy importante, pero desgraciadamente, para muchos, esa relevancia se sigue asociando al error y al fracaso.

Cuando las cosas no salen bien y no se sabe muy bien porque, es posible que se recurra a la carga mental, a la presión competitiva, a la debilidad psicológica, a la sobrecarga, etc. Y cuando las cosas salen según lo previsto, ¿dónde ponemos el foco? Pues en lo físico, lo técnico y en el trabajo táctico, según la especialidad deportiva.

Desgraciadamente (otra vez), esta dualidad es lo que hace que en los cuadros técnicos rara vez se cuente con un psicólogo para un trabajo continuado, permanente. Quien lo hace es por amiguismo, probar o por si acaso, siempre mejor prevenir y quien no lo hace, puede ser por desconocimiento, relativismo o usurpación de funciones, pensemos en las charlas motivacionales testiculares, la música activadora o los vestuarios llenos de frases impulsadas por el entrenador, fruto de un cursillo o una recomendación externa ajena al “staff” técnico.

Ahora han sido Simone Biles (gimnasia) y Naomi Osaka (tenis), pero antes lo fueron Michael Phelps (natación), Raven Saunders (atletismo) y, en España, Iniesta (fútbol), Nadal (tenis), Boada (remo), Abrines (básquet), Valverde (ciclismo) y Muñoz (natación) los que se refirieron a la salud mental, manifestando haber sufrido procesos depresivos en algún momento de su vida deportiva.

Casos especiales por sus consecuencias e impacto social, fueron el de Yago Lamela (atletismo) hallado muerto en su domicilio a los 36 años o el de Larry Sanders, que con 21 años firmó con el Milwaukee Bucks y dos temporadas más tarde era despedido por infringir la política antidroga de la NBA, al automedicarse con marihuana para tratarse su ansiedad.

El caso Sanders llevó a la NBA a plantearse un “Programa Integral de Salud Mental y Bienestar” y proponer a las franquicias (entre otras cosas) que contaran al menos con un profesional con “experiencia en la evaluación y el tratamiento de problemas clínicos de salud mental” (El País, Faustino Sáez, 13/08/19). Se ha encontrado que el riesgo a tropezarse con un problema emocional es similar en deportistas y no deportistas, hallándose las diferencias en las causas (estrés continuado, eventos traumáticos -lesiones, abortos, abusos-, mala relación institucional, déficit de habilidades).

Básicamente, por contextualizar, todos los deportistas mencionados hacían referencia a problemas emocionales, del ámbito de la ansiedad o del ánimo (depresión). Pero no pensemos que estar libre de diagnóstico garantiza su ausencia en un futuro. La ansiedad puede presentarse con irritabilidad, preocupación, baja concentración, insomnio, culpa, fatiga, dolores y molestias estomacales, tensión muscular, leves mareos y palpitaciones, así como dificultades respiratorias.

La depresión también comparte síntomas con la ansiedad (irritabilidad, insomnio, culpa, etc.), pero los más significativos o definitorios son la tristeza, la pérdida de interés, la apatía, la pérdida de apetito, la incapacidad para el placer.

Resulta obvio, pero es necesario decirlo, que estos cuadros nada tienen que ver con una buena condición psicológica, porque promueven mentes descentradas, cerradas y poco comprometidas con aquello que se valora y se quiere. La buena condición psicológica tiene que ver con el concepto de “mente flexible” que describen los psicólogos Hayes, Strosahl y Wilson (2012) y estamos de suerte, porque esto se puede medir y se puede trabajar (desde la normalidad). Para algo más de información consultar AQUÍ.

Ante la actualidad, la necesidad y el conocimiento adquirido, ya toca normalizar el concepto de salud mental yel de condición psicológica del deportista. Se hace imprescindible poder hablar de lo mental sin referirse a taras o problemas mentales. No puede levantar sospechas, ni alarmar, observar cómo conversan un deportista y un psicólogo. No es aceptable que haya profesionales que tengan que ejercer desde el anonimato y la oscuridad.

Las Federaciones deportivas y en particular la de Fútbol, por número de licencias e implantación, pueden ayudar a reconducir esta situación promoviendo actividades en formato de programas o proyectos o servicios de psicología aplicada (caso Sanders). Pero también los Clubes deben empezar a pensar en una educación emocional integrada en la práctica deportiva.

Tampoco me olvido de los grandes modelos, los padres y los técnicos, que por su cercanía y proximidad con el deportista, pueden detectar y promover una intervención temprana. Todos tenemos algo que hacer y no podemos delegar responsabilidades, ni esperar que el temporal escampe. No valen las escusas, ya toca normalizar el concepto de salud mental o el de condición psicológica del deportista.

Ximo Lluch
Psicólogo Club Colegio Salgui

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