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La importancia del contexto: la patada de Fede Valverde… vista desde el fútbol base

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Foto: Getty

Hubo que dejar pasar un par de días para que la polvareda se asentase y pudiésemos tratar con calma el asunto. A estas alturas, no queda ningún futbolero en el planeta que no haya visto la acción más decisiva de la pasada Supercopa de España (disputada en Arabia Saudí, pero ese es otro asunto) y que no haya expresado su opinión respecto a la patada por detrás que Fede Valverde propinó a Álvaro Morata en el minuto 115 de partido, a cinco de finalizar la prórroga y en un mano a mano del madrileño ante Courtois que podría haber dado el título a los colchoneros.

Como es habitual, en ESPORTBASE vemos la acción desde el prisma de la formación. Desde una perspectiva en la que, independientemente de opiniones teñidas por colores -los hinchas rojiblancos clamaron al cielo, el madridismo tildó de “héroe” al mediocentro uruguayo-, hay que intentar sacar un aprendizaje de lo ocurrido. Aunque sea a base de hacernos preguntas.

Lo primero debe ser el análisis de la jugada: Fede Valverde llega por detrás y, como último defensor y a la desesperada, derriba al delantero. Con brusquedad, además, quizá porque no alcanzaba a agarrarle. Una tarjeta roja de manual. Que el jugador, obviamente, no protestó.

¿Fue una patada dura? Lo fue. Punto. ¿Es una acción antideportiva? No. Es juego brusco y tarjeta roja, aunque ciertamente sorprende que la sanción se haya quedado en ‘solo’ un partido sin jugar. El mensaje que transmite es peligroso: que el ‘castigo’ para una acción tan dura y decisiva es un precio barato a pagar. Pero, en resumidas cuentas, fue un lance claro del juego: Valverde fue a cortar la progresión del atacante hacia su portería, no a lesionar al rival.

¿Probablemente Fede Valverde ‘ganó’ la Supercopa para el Madrid con esa toma de decisiones? Sí, sin ninguna duda. Ese concepto (el de toma rápida de decisiones, elegir la opción más adecuada en décimas de segundo) es precisamente una de las capacidades más difíciles de enseñar a un jugador en formación. ¿Es justificable? Depende, pero era una final de un torneo profesional. Hasta el Cholo Simeone -que tuvo un gesto cariñoso con el uruguayo al salir cabizbajo del césped, pese al ‘revolcón’ que le había pegado a uno de los suyos- admitió ante el futbolista que había hecho lo que tenía que hacer.

¿Debería un niño de 11 años proceder igual que Valverde en una situación calcada, por ejemplo, en un partido de Alevines?

NO, NUNCA. Esa es la diferencia. Los contextos. Nadie ha defendido a Valverde por la patada y todo el mundo sabe que es una acción brusca destinada a cortar el avance de un delantero. Pero el fútbol también supone tomar decisiones instantáneas. Valverde hizo lo que tenía que hacer. Al niño que viese la jugada por televisión y que se sienta tentado de imitarle este próximo fin de semana debemos explicarle que una acción así jamás sería tolerable en sus partidos de fútbol base, porque allí prima lo formativo y no se trata de deporte profesional.

Valverde ganó el trofeo para los suyos y acabó en la caseta. Al finalizar el partido, se comportó como un buen deportista: “Le pedí disculpas a Álvaro Morata, no está bien lo que hice. Intenté hacer otras cosas pero no llegaba porque es un jugador muy rápido. Obviamente estoy feliz por el título pero me queda la espinita por lo que hice”, indicó en zona de vestuarios.

Otro tema bien diferente -y quizá todavía más polémico– es el mal sabor de boca que produce conceder el premio de MVP de la final al jugador uruguayo. Ahí sí nos ponemos del lado de la opinión mayoritaria: nunca jamás debería haberse dado el premio a Valverde tras arrearle una patada así a un rival. ¿Parte del juego? Sí. ¿Motivo de elogio y reconocimiento? Nunca. No es lo que debe enseñarse a los niños.

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