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Carta abierta a la FFCV de unos padres frustrados con los arbitrajes

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Somos un grupo de padres orgullosos de que nuestros hijos estén jugando en Fútbol Base, ahora en Cadetes de segundo año, de una Escuela de Fútbol. Hasta ahí bien, dado que algunos de nuestros hijos/as vienen jugando desde Querubines. Como padres, venimos acompañando, animando, viendo cómo crecen y evolucionan en todo este tiempo y sufragando los gastos que dichas Escuelas nos dicen que hay que pagar en concepto de cuotas: la mayoría de estas Escuelas, con sus Juntas Directivas, trabajan desinteresadamente por el bien de sus equipos, y parte de estas cuotas también contribuyen al mantenimiento de la FFCV.

Desde las Escuelas se establecen unas reglas, que son “máximas, imprescindibles y de obligado cumplimiento”, que constituyen principalmente la educación en los valores de:

Sacrificio y puntualidad en los/as menores y mayores que acuden a todos los entrenamientos (haga frío, calor, viento, llueva o granice), a lo que se suma el acudir a los partidos de la Liga con la suficiente puntualidad para estar a la hora de convocatoria establecida por el entrenador, contando el tiempo que lleva el desplazamiento a localidad donde se va a jugar el partido. Esto conlleva el que, si nuestros/as pequeños jugadores tienen el partido a primera hora de la mañana, tienen que acostarse pronto la noche anterior y renuncian a estar más tiempo con sus amigos. Entrenan toda la semana y después de ser convocados, pueden jugar o no, un circunstancia que son capaces de asumir.

Solidaridad, generosidad y entrega. Se les enseña la pertenencia al equipo, ellos mismos le dan toda la importancia que supone, el establecimiento de amistades, apoyo al compañero que ha tenido un fallo, brindan alguno de sus goles al compañero que por diversas razones no ha podido asistir al partido (enfermedad, lesión, fallecimiento de un familiar…), y la generosidad de ceder el marcar el gol a un compañero con más ventaja para hacerlo realidad.

Respeto y obediencia al entrenador, y a la máxima autoridad durante el tiempo de juego y después, el árbitro, así como el respeto para con sus compañeros/as y rivales. Juego limpio y noble.

Disculparse después de cometer alguna falta, así como interesarse por el estado del jugador referido, ayudándole a levantarse, echando el balón fuera del campo de juego para que el compañero o rival cae lesionado y pueda ser atendido. Devolver el balón al equipo contrario si ha sido el que ha parado el juego.

Compartir el agua o bebida isotónica que se tenga con los compañeros y/o rivales.

Felicitar a los compañeros y rivales por el partido finalizado, se haya ganado, empatado o perdido, dándose la mano, así como al/la entrenador/a propio y rival, a más del/a árbitro. Así como a la afición que ha acudido a ver el partido y animarles.

Hasta ahí, todo bien. Y todos con estos valores aprendidos y, lo que es más importante, asumidos.

***

Comienza el partido después de todos los protocolos. Pero… ¿qué pasa cuando…? 

  • Un equipo comienza a hacer faltas y no son sancionadas y, sin embargo, las del otro equipo sí.
  • Nuestros hijos se sienten impotentes y protestan, el árbitro les sanciona con una tarjeta amarilla o roja directa, sin previo apercibimiento.
  • Les pitan fuera de juego pasado un tiempo demasiado extenso y con una clara ventaja en la posición de peligro para con el equipo contrario.
  • Les paralizan el juego sin aplicar la ley de la ventaja.
  • Se pita un fuera de juego con el árbitro lejos de la jugada.
  • El balón entra en la portería rival y el portero o jugador rival la sacan de dentro, y el árbitro decide no conceder gol.
  • Un jugador es constantemente objeto de faltas y, tras protestar, es sancionado
  • Y más y más situaciones que se puedan producir.

Así que, si la mayoría de estos hechos se producen descaradamente y ante la anuencia del árbitro contra un mismo equipo, genera indefensión y frustración de nuestros hijos, situación que hace saltar las alarmas fuera del campo de juego teniendo como respuesta el  ‘cabreo generalizado’ de los padres y madres. Advierten que el árbitro, a veces con más ‘chulería’ que profesionalidad imparcial, continúa manteniendo la misma actitud.

Por eso muchas veces los padres acaban tirando del recurso único que les queda, el de proferir improperios contra el árbitro ya que se le ha ido el control e imparcialidad del partido, siendo éste la causa de una situación de enfrentamiento entre padres y árbitros, padres contra padres,…Y mientras tanto, nuestros hijos son testigos atónitos y mudos.

Por todo lo descrito, los padres solicitamos un mejor estudio por parte de la FFCV en la elección de que sus árbitros sean más imparciales, ‘que se lo hagan ver’ o sean apercibidos, garantizando que después del partido sólo se hable del fútbol practicado por nuestros hijos y no sea el árbitro el principal ‘protagonist’ de conversación por su nefasto arbitraje, concediendo injustamente el empate o pérdida del partido al equipo en cuestión. Estamos seguros de que habrán árbitros con quejas acumuladas.

Una medida podría ser la de atender ‘de verdad’ las protestas hacia los árbitros por parte de las Escuelas, las cuales después de invertir tanto tiempo en inculcar todos los valores anteriormente mancionados ven como todo se va ‘al garete’. También se podría atender a las protestas de los padres y que la FFCV no sólo crea la versión escrita en el Acta Final escrita por el árbitro. Los padres también sabemos que el árbitro es humano, por lo que no son infalibles. Se comprende y se asume.

Señores de la FFCV, no estaría de más dar un poco de credibilidad a las protestas denunciadas por las Escuelas, jugadores y padres ya que los árbitros, en caso de parcialidad en una actuación, pueden ser los causantes de esos espectáculos ‘lamentables y vergonzantes’ que se producen durante los partidos.

Y, puestos a proponer, no estaría de más que algún miembro de dicha directiva fuera ‘testigo’ en vivo de algunos partidos, para comprobar que no siempre los árbitros ejercen su rol de forma imparcial y justamente, dando un buen ejemplo a nuestros hijos que ven cómo todos los valores sí que valen, elevando su autoestima y sentido de la justicia.

Atentamente, unos padres que lamentan profundamente las situaciones deplorables que son motivo de noticias de prensa, radio o televisión y, mucho peor, que se producen a menudo en los partidos jugados en todas las categorías de las Escuelas de Fútbol Base.

¡Qué mal ejemplo les damos!

Texto: Un grupo de padres de una Escuela de Fútbol Base, de las muchas que hay

Un comentario

  • Jorgete dice:

    totalmente de acuerdo con la carta y queja de estos padres. En muchas ocasiones no se corresponde la calidad humana y profesional del arbitraje con los valores que se pretenden e inculcan en las escuelas; la dichosa y tan hipócrita imparcialidad, la mala aplicación del reglamento. En general, la baja calidad del arbitraje en futbol base, y la poca aportación y colaboración que ejercen sobre todo en los partidos donde todavía juegan niños (futbol 8). Estaría de acuerdo con que los que decidan comenzar su andadura profesional en el mundo del arbitraje una vez la ejerzan esten mejor remunerados , cobren más por cada partido, y a su vez tengan una mayor exigencia y control, y por supuesto una mayor profesionalidad. Y por supuesto que la voz de escuelas y padres se tenga en cuenta. Porque si no es muy dictatorial que lo reflejado en el acta por parte de una persona que en muchos casos tambien se equivoca ( y más en estas categorías no profesionales), se ve influenciado por las circunstancias de un partido por las razones que sean, ahí ya no entro, sea lo único a tener en cuenta…
    Para estas cosas tambien debería estar una federación de futbol, cosa que les ayudaría a mostrarse más transparentes, promotores de juego limpio y valores esenciales deportivos, cosa que en vista de lo acontecido estos últimos tiempos buena falta les hace.

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