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Herramientas a punto: ¿cómo se cuidan y protegen las botas de fútbol?

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Empieza la temporada y las herramientas deben ponerse a punto para soportar la exigencia de un largo año de competición, desde Querubines hasta Juveniles. Las botas son el elemento técnico más importante en la práctica del fútbol: igual que un pintor no puede completar su obra sin una brocha adecuada, el futbolista no es capaz de rendir al máximo y exprimir su potencial sin una bota en condiciones.

Más allá de la elección de la bota y el modelo escogido, la gran clave para asegurar una larga duración es hacernos cargo de su mantenimiento en todo momento y mimar la ‘herramienta’ para que nunca nos falle. Es fundamental que esta tarea se enseñe a los más pequeños desde sus etapas deportivas más tempranas: son responsables de su bolsa, sus equipaciones, sus toallas y útiles de higiene personal, etc. Por lo tanto, enseñarles a cuidar y proteger sus botas no es más que el siguiente paso lógico en su travesía de adquirir cada vez más hábitos y responsabilidades conforme su edad es mayor.

Así, padre e hijo deben tener la predisposición de enseñar (y aprender) cómo cuidar de las botas. ¿Preparados? Vamos allá.

TIPO Y MATERIAL DE LAS BOTAS

Es el punto más importante a la hora de decidir los procesos de mantenimiento que deberemos seguir. Si bien tradicionalmente los materiales usados eran el cuero y la piel de canguro, desde hace dos décadas predominan los materiales sintéticos, las polipieles y los colores estridentes. Cada uno tiene unas ventajas e inconvenientes: las botas de materiales naturales se amoldan con facilidad al pie (son como un ‘guante’) y el contacto con el esférico es más natural, pero a la vez se trata de una zapatilla muy delicada y que hay que cuidar con mimo si queremos preservarla; por el contrario, las botas de materiales sintéticos tienen una durabilidad mucho mayor y no requieren tanta atención, pero se pierde parte de esa sensibilidad al golpear la pelota.

— BOTAS DE MATERIAL SINTÉTICO

botas-sinteticasSi las botas a usar están fabricadas con materiales sintéticos, los cuidados se centrarán en protegerlas de la humedad y en intentar que mantengan en todo momento la forma original. Su mantenimiento es muy sencillo: después de cada uso, secar bien la superficie de la bota tanto en su parte externa -puede haber llovido o acumulado humedad del césped– como en su interior -donde suele humedecerse debido al sudor-. Dejarla así tras cada uso, a la larga, puede llegar a pudrir la bota. Para el secado, basta con usar un paño o papel de cocina. Después de eliminar la humedad, también es recomendable dejarlas secar al aire libre durante unas horas. ¡Así evitarás olores desagradables!

horma-zapatosUna vez completamente secas, es muy recomendable meter hormas en el interior de las botas para mantener la forma original y guardarlas en un lugar seco hasta su siguiente uso. Las hormas pueden conseguirse en cualquier zapatería y son muy económicas. En caso de querer una alternativa ‘casera’, usar hojas grandes de papel de periódico y crear la forma interna de la bota para rellenarla es otra opción. Mantener las botas guardadas con elementos internos que eviten posibles deformaciones es la mejor manera de que la herramienta del futbolista esté en perfectas condiciones para la próxima vez.

— BOTAS DE MATERIAL NATURAL

botas-cueroLas botas de piel, evidentemente, requieren cuidados bien diferentes. Es buen momento para explicarle al niño que un material como el cuero o la piel de canguro requiere de una continua nutrición para evitar su rigidez. Las botas de materiales naturales suelen ser más caras que las fabricadas con materiales sintéticos, por lo que concienciar al pequeño de la importancia de cuidar sus ‘herramientas’ es mayor que nunca. Para ello, echaremos mano de un clásico del fútbol desde hace décadas: la grasa de caballo, un elemento imprescindible en el mantenimiento de las botas.

Aplicar grasa de caballo a las botas de manera regular sirve para que la bota esté como nueva incluso tras multitud de usos. Aporta protección a la capa exterior de la bota, impermeabilidad frente al agua y dota de flexibilidad y suavidad al conjunto para que se ajuste como un ‘guante’ al pie.

Sin embargo, hay unos pasos muy concretos que hay que respetar durante su aplicación:

  • grasa-caballoEl primero y fundamental, que la bota esté completamente seca. Se puede secar manualmente, como hemos detallado en el apartado anterior, o dejar secar al aire libre un par de días. Sólo cuando esté totalmente seca podemos proceder: en caso contrario, el agua impide que el nutriente de la grasa penetre en la piel.
  • El segundo requisito obliga a que la bota esté limpia en su superficie de polvo y otros elementos: para ello, usar un paño húmedo o un cepillo es más que suficiente para eliminar la suciedad.
  • Con la bota limpia y seca, procedemos a aplicar la grasa de caballo a la superficie de la bota con papel de cocina o un cepillo suave, procurando no excedernos en la cantidad de grasa aplicada. El objetivo es cubrir toda la superficie, llegando a todos los huecos, resquicios y dobleces, con una película de grasa fina y uniforme.
  • Una vez finalizado el proceso, es recomendable dejar secar la bota una media hora antes de guardarla en el cajón o el lugar habitual de almacenamiento.

Cuidar de las botas es una buena manera de inculcar responsabilidad a los pequeños futbolistas a través de un proceso que debe ser metódico y constante, y que ayuda a que el niño también valore mucho más los objetos cotidianos que emplea para la práctica del deporte. Además, es una actividad en la que los padres pueden servir de ‘maestros’ y ayudar a estrechar lazos en familia. ¡No olvides cuidar bien de tus ‘herramientas’ futboleras!

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