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Castigar o no castigar a los futbolistas jóvenes

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Algunos entrenadores de futbolistas jóvenes sucumben a la pesadumbre que les supone entrenar en un determinado momento de la temporada, cuando la situación se les hace más complicada y difícil de gestionar, e intentan acabar con este escenario tratando de controlar el entrenamiento de una manera aversiva. Es el caso de Juan, entrenador de un equipo infantil de fútbol, que harto de determinados comportamientos de sus deportistas durante el entrenamiento pensó en tomar medidas drásticas y atajar sus problemas de un plumazo,

“He estado pensando en decirles en el entrenamiento de esta tarde que: quien haga cualquier tipo de comentario despectivo hacia otro compañero, tendrá su respectivo castigo; quien no haga caso a lo que les digo, o se rían, o tarden mucho en hacerlo, o incluso se nieguen, tendrá su correspondiente castigo; quien me rechiste, responda, o haga lo que le dé la gana, tendrá su castigo correspondiente”.

En el contexto del entrenamiento deportivo, los entrenadores no deben aplicar estímulos aversivos de forma arbitraria y a discreción como una forma adecuada de controlar la dinámica del mismo. Muy al contrario, su propósito sería tratar que sus futbolistas no realicen determinadas conductas aplicando adecuadamente el castigo.

El castigo como estrategia psicológica

Uno de sus objetivos es contribuir a disminuir o eliminar algunas conductas inapropiadas, como pueden ser las decisiones tácticas erróneas de los futbolistas. Siguiendo esta pauta de actuación, es imprescindible que al mismo tiempo que el entrenador de fútbol quiere eliminar una conducta busque otro comportamiento alternativo al que se pretende eliminar.

Por ejemplo, el entrenador ha observado en varias competiciones que Pedro, uno de sus futbolistas más habilidosos del equipo, abusa del regate en zonas defensivas donde una pérdida de balón puede ser muy peligrosa para su equipo y no pasa el balón con rapidez a compañeros desmarcados en mejores posiciones.

Si el entrenador pretende que en esta situación su jugador infantil de fútbol elimine la conducta de “regatear”, debe plantear al deportista la posibilidad de poder ejecutar en su lugar la conducta alternativa de poder “pasar el balón a un compañero”.

Así, en un ejercicio de entrenamiento:

-Cada vez que un jugador regatea en las circunstancias señaladas por el entrenador pierde la posesión de balón (CASTIGO).

Al mismo tiempo:

-Cada vez que, en tales circunstancias, el jugador pasa el balón a un compañero, el entrenador le dice: “¡Excelente!” (REFORZAMIENTO).

Esta sencilla y útil aplicación del castigo establece algunas de las características que debe cumplir esta estrategia psicológica:

-Se castiga una conducta, regatear a un compañero, no al futbolista.

-El castigo tiene un valor proporcionado. En nuestro ejemplo, en un ejercicio de ataque el jugador puede perder la posesión del balón.

-El entrenador tiene que haber acordado previamente el castigo con los futbolistas jóvenes y poder evitarlo debe de estar al alcance de las conductas de rendimiento de los deportistas. Siguiendo con nuestro ejemplo, si el deportista en lugar de regatear pasa el balón a un compañero desmarcado evita el castigo (perder la posesión del balón).

Y quizás la característica fundamental a la que se deben prestar mucha atención los técnicos deportivos es que:

-El entrenador aplicará el castigo con naturalidad, nunca enfadado o nervioso, demostrando autocontrol emocional. Durante la realización del ejercicio, cuando un jugador regatea a su compañero, su entrenador dice en voz alta y clara “pérdida de posesión, a defender o siguiente atacante”, sin alterarse.

Estos son algunos aspectos esenciales que el entrenador de futbolistas jóvenes debería tener en cuenta a la hora de utilizar el castigo de forma correcta como una estrategia psicológica dentro de su arsenal de habilidades.

J. Enrique Rincón
Psicólogo deportivo
www.psicologiaparaentrenadores.com

Referencia. “Estrategias psicológicas para entrenadores de deportistas jóvenes”, José María Buceta (2004).

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