“When you hear hoof beats, think of horses, not zebras«. O, dicho en nuestro idioma: “Cuando escuches cascos (galopar), piensa en caballos, no en cebras«, es un lema que surgió de la medicina anglosajona, para orientar a los estudiantes hacia diagnósticos más comunes, y evitar que se centren la atención en otros más complejos y difíciles probabilísticamente de dar.
En base a ello, últimamente aparecen cuentas de redes sociales, escritos, comunicados… que abogan le necesidad de tener también en cuenta a esas enfermedades mucho menos probables (“enfermedades raras”) y no sólo eso, sino que también se extiende este término a personas que “se salen de la norma”, bien sea porque son “neurodivergentes” o por cualquier otra razón.
Y es que, además, cada cebra es distinta, única, difícil de domar y con sus rayas negras totalmente diferentes a cualquier otra.
¿En el deporte de base se tiene en cuenta a las cebras? ¿Somos capaces de dar a cada persona lo que necesita, para que se exprese de forma adecuada a su manera de ser y así pueda desarrollarse como persona y como deportista?
Es cierto que la sociedad (científica, al menos en Psicología) cada vez más entiende la diferencia, la individualidad, que cada persona es como es y que cada cual precisa de recursos, de que se le entienda, de que acepte y se integre en el grupo sin forzar, a su ritmo, con la exigencia necesaria y adaptada a sus necesidades. ¿Y en el deporte de base? ¿Se trata a todos los deportistas por igual? ¿Si no se ajustan a la norma se les desplaza? ¿Se es capaz de aceptar que cada cual es como es y puede aportar mucho si se le acepta y entiende? Es difícil que esto ocurra, porque además no es fácil hacerlo.
La sociedad está avanzando en este sentido, y también lo debe de hacer el deporte de base. Quizás deberíamos replantearlos el seguir unas pautas más o menos claras, a escoger perfiles de deportistas en base a esas normas, a pensar que todos los grupos funcionan igual, que a todos los deportistas hay que tratarlos igual, que todos deben rendir de una determinada manera para poder “hacer bien nuestro trabajo como técnicos o dirigentes”, sin pensar que es posible que alguien funcione de una manera quizás un tanto distinta.
Es verdad que sí existen pautas que funcionan, tanto para manejo de grupos, como para comunicarse adecuadamente con los deportistas, como para favorecer una adecuada motivación… e incluso a nivel más del deporte en concreto, existen quizás patrones de comportamientos que se entrenan y son más adecuados para cada posición, y se repite, se entrena y se busca que el deportista encaje en ese patrón… ¿y las cebras?
¿Qué hubiera pasado con Messi (y quizás muchos otros) si no se hubiera tenido en cuenta su individualidad? Si, además se busca un deportista diferenciador, ¿por qué se tiende a la norma y no se tiene en cuenta esa singularidad que quizás puede marcar la diferencia? Afortunadamente, cada vez se es más sensible a la individualidad, porque cada persona es como es, y cada uno tiene su forma de funcionar que puede ser distinta al total del grupo (o no tanto), pero que merece que se respete su forma de ser. Entender esto forma parte de la evolución lógica de nuestra sociedad en general. Seamos conscientes de ello también en el deporte de base, porque las cebras (quizás mejor la individualidad de cada persona), también existen en el deporte de base.
David Peris Delcampo (@dperisd)
Presidente Federación Española de Psicología del Deporte
PresidenteAssociació de Psicología de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Académico Correspondiente de la Academia de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de España
Entrenador N3 TDS de Fútbol y Futsal
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
