Todo es del color de rosa en la Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza. La cantera grogueta vive un momento dulcísimo con sus principales equipos liderando sus categorías y varios de ellos acechando el liderato como el Juvenil A y los dos Autonómicos (Cadete e Infantil). En verano el plan era claro: no fichar tanto talento de fuera, apostar por la gente de la casa y no tener miedo en promocionar. Se está viendo no solo en el primer equipo con Maciá y Alassane Diatta, sino en el filial con gente como Alcaide, Moussa Traoré, Barattucci y más abajo también: Saúl Rodríguez y Serigne Ndiaye en el C y la mayoría de 09 en el Juvenil A. Y el arma más poderosa de Miralcamp, el filial, se juega el liderato el próximo sábado en el Ibercaja Estadio contra el Real Zaragoza. Primero contra segundo con 20 puntos ambos. El escenario ideal para coger palomitas y sentarse a disfrutar o a morderse las uñas, lo que prefiera el espectador.
Para ese partido, David Albelda tiene a todos los efectivos disponibles menos a Nizar, que se queda con primer equipo hasta nueva orden. El que sí va a estar (salvo giro repentino) es Joselillo Gaitán (Málaga, 2007) que ha empezado la temporada como acabó la pasada: en ‘God Mode’. El boquerón ya ha asomado la cabeza con la primera plantilla mientras sigue siendo una de ‘las cabras’ en Primera RFEF. Viendo su nivel Íñigo Pérez no ha dudado en llevárselo a varios partidos de liga, incluso a la visita a Anfield en Champions. Sin pasar por alto que hace un año y medio jugaba en Tercera RFEF con el C. La progresión de Joselillo en apenas un año y medio no es una simple evolución, sino una auténtica deflagración futbolística. Si en la temporada 24-25 su talento se moldeaba en el barro competitivo del Villarreal C, hoy se ha erigido como la Piedra Rosetta del ataque del filial groguet: la clave indispensable para descifrar y dar sentido a cada jugada ofensiva. Por eso lleva el 7. Tiene claro lo que tiene que hacer: esperar, encarar y desbordar. Y ha añadido trabajo defensivo y sangre frío. El pack completo.

Su transformación evoca la del Ave Fénix, un jugador que ha renacido exponencialmente desde las categorías formativas para devorar el espacio y centralizar todo el caudal ofensivo del Villarreal B. Joselillo ya no solo acompaña el juego, sino que acapara los focos, asume los galones y pilota las transiciones con la voracidad de un filial groguet ganándose en gran parte ser el epicentro del equipo. Veremos si está disponible para el duelo por el liderato ante el Real Zaragoza porque quizá Íñigo lo convoque el viernes para el partido contra el Espanyol. Con golazos ante el Huesca y Atlético Madrileño, el andaluz aporrea ya las puertas del primer equipo; ha madurado como futbolista: Gaitán ejemplifica la domesticación del caos. Cuando estaba en el Juvenil A iba como pollo sin cabeza, demasiado acelerado y desaprovechando jugadas de ataque aún teniendo un talento descomunal. Hoy ya es un futbolista hecho y derecho.
A sus 19 años, Joselillo Gaitán ha demostrado que el liderazgo no se mide en el carné de identidad, sino en la valentía con la que se pide el balón. Convertido en un auténtico gigante con rostro de niño, el atacante maneja los tiempos del Villarreal B con la madurez de un cirujano y el descaro de quien juega en el patio de su casa. Su fútbol vertical no solo derriba los muros defensivos rivales, sino que se ha transformado en el argumento definitivo y el faro que ilumina el camino del equipo hacia el ascenso, demostrando que la juventud no es un límite, sino el combustible ideal para conquistar el fútbol profesional. Ver jugar a Joselillo es coger palomitas o el snack que haya en la despensa y no aburrirte.
