El buen inicio del Villarreal en División de Honor trae muchos nombres propios como Edu González y Yurii Kisak (máximo goleador), que están dando un gran nivel en el apartado ofensivo. El Elche frenó la racha de imbatibilidad (3 triunfos consecutivos) con un 0-3 contundente en Miralcamp, pero las expectativas con el equipo amarillo son altas: debe estar peleando el título hasta el final. En la Youth también arrancó bien con una remontada top contra el Borussia (2-3) y como viene siendo habitual, en ESPORTBASE Media nos gusta destapar el tarro de las esencias y poner en la palestra al talento del futuro. Hoy le toca el turno a un chico de raíces malagueñas, internacional con España y uno de los grandes diamantes de la cantera grogueta. Él es Jairo Trujillo (Álora, 2010), mediocentro llegador del equipo de Pepe Reina y una de mis mayores debilidades, tengo que reconocerlo. Su historia podría ser enrevesada, pero es fácil de explicar: empezó jugando en la Escuela Municipal de Fútbol de Álora. Con un balón bajo el brazo, el ‘boquerón’ empezó a destacar en categoría prebenjamín ganando el título de liga. Un futbolista al que da gusto ver: sedoso, siempre con el catalejo apuntando hacia arriba y con una técnica que pocos jugadores tienen en la escuela del Villarreal CF.
A una mujer no se le pregunta la edad, a un hombre no se le pregunta cuánto gana y a Jairo Trujillo no se le tiene que preguntar cómo aprendió a jugar al fútbol. Nació con ello. Al pasar a benjamín, jugó directamente con los alevines porque estaba 2-3 escalones por encima del resto: un chico inteligente, especialista con las dos piernas y con un crecimiento madurativo interesante para tener tan solo 10 años. En la 18/19, ganó la liga con el Alevín a la vez que fue convocado por primera vez con la Selección Malagueña y era citado para unos entrenamientos con el Málaga CF. El pequeño Jairo, siempre acompañado de sus padres, se estaba destapando poco a poco como uno de los mejores talentos andaluces de su generación. Pasaban los años y a él le daba igual jugar contra niños uno o dos años mayores que él y eso hizo que clubes potentes de España se interesasen por el perote.

La temporada posterior al COVID-19 (20/21), Jairo ya entrenaba con el Infantil siendo todavía alevín y ahí fue cuando el Málaga se lanzó a por él. Sin embargo, sus padres consideraban que no era el momento de que se marchase a 40km de su casa porque era muy pequeño todavía. Entonces, se incorporó al CD Álora para jugar su último año de alevín cuando el Villarreal CF llamó a su puerta a mitad de temporada (21/22). Tras pensarlo bien, sus padres decidieron que Jairo merecía tener esa oportunidad y formarse en una de las mejores canteras de España. Fue duro porque al fin y al cabo, Trujillo tenía solamente 12 años y se marchaba a varios cientos de kilómetros para vivir en la residencia de la Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza. Llegó para jugar en el Infantil Roda directamente donde sumó 25 partidos y 8 goles. Porque Jairo no solo es un futbolista que haga jugar a su antojo, sino que tiene mucha capacidad para tocar área rival y marcar siendo zurdo, que eso siempre cotiza al alza. Lo demostró al año siguiente con el Infantil A groguet (14 dianas), que acabó ganando el título de liga con 90 puntos. Jairo fue indiscutible en ese equipo y ahí fue cuando el club se dio cuenta que se debía apostar por él.

Magia sin laboratorio
En lugar de pasar al Roda Cadete, el malagueño se unió al Villarreal Autonómico donde sumó 17 titularidades siendo el único de primer año junto a Jesús Espejo. Había madurado y ya le veíamos más de 8 que de 6 porque Jairo tiene esa habilidad camaleónica para estar en varios sitios a la vez y rendir como si lo hiciese en su hábitat natural. Me entró por los ojos cuando lo vi por primera vez esa temporada: jugaba con una tranquilidad impropia y escalofriante para un chico de su edad. Nadie le quitaba la pelota y además tenía ese toque final para dejar solo al delantero. Samu Castillejo, Brahim Díaz, Isco… Muchos talentos nacidos en Málaga que han alcanzado la élite del fútbol son el espejo en el que mirarse de un Jairo Trujillo que apunta muy alto.
Dicharachero, amigo de sus amigos y cercano en el trato familiar, su nombre está grabado a fuego en las oficinas de Miralcamp. Recuerdo el año pasado verle en Liga Nacional jugando al lado de Alejandro Galindo o Moussa Koné y todo el mundo estaba asombrado por su trato de balón. Más que un pase, daba un beso con la bota. Ha sonado ‘cursi’, pero me entendéis. Jairo es el único juvenil de primer año que forma parte del Villarreal División de Honor y va a ser importante tanto en liga como en Youth League. Además, en la RFEF está bien valorado después de haber debutado con la Selección Española sub16 en el mes de marzo (amistosos contra Suiza). De la Costa del Sol, el Villarreal trajo a Joselillo hace 3 años y volvió a dar en la diana con Jairo. Porque en un fútbol moderno cada vez más robotizado, obsesionado con los datos de carrera y el rigor táctico, futbolistas como Jairo Trujillo son una especie en extinción. Su juego no se mide en kilómetros recorridos, sino en los suspiros que arranca en la grada cada vez que acaricia el cuero. Hay una finura intrínseca en sus botas, una magia vieja y pura que parece rescatada del fútbol de la calle y refinada para el gran escenario. Jairo no juega para cumplir un expediente; juega para inventar lo inesperado.
