Joan nunca falla aun partido ni a un entrenamiento de su hijo, Jaume ,que siempre ha destacado desde que era muy pequeño. Ahora Jaume tiene ya 15 años, juega en un equipo importante y su padre, Joan, ve que no está teniendo los minutos que “Jaume merece”. Hasta ese momento, todo había ido “sobre ruedas”, de manera que Joan era “un jugador referencia” y jugaba muchos minutos, “prácticamente todo”, según decía Joan.
Tras el inicio de temporada, Joan cree que tiene que hacer algo: piensa que, si no hace buena temporada, todo su trabajo anterior se “irá al traste”, y la proyección que tenía se diluye porque ahora Jaume ya no es tan importante, según dice. Siente que tiene que hacer algo, y presiona a Jaume para que coma mucho mejor, entrene más (va a realizar sesiones por su cuenta con un preparador físico que ha contratado su padre), y cuando acaba los entrenamientos y partidos analiza lo que ha hecho Joan, “exigiéndole” a que se esfuerce al máximo y dé lo mejor de él en cada momento: “tienes que ser el mejor y hacerlo perfecto”, le insiste.
Por su parte, Joan, cree que su padre tiene razón, y su nivel de autoexigencia (según dice) ha aumentado mucho porque tiene que “ser el mejor siempre”.
En casa, en el coche, cuando analizan partidos y entrenamientos, la conversación se centra en qué ha pasado, que si tiene que hacerlo mejor, que si tiene que recuperar el mejor nivel, que si tiene que asistir más y marcar más goles, que si el entrenador no entiende su juego… Ambos dicen que sienten presión, mucha presión, por la situación y porque está a un paso de dar el salto y tienen que hacer todo lo posible y lo imposible para que vuelva a ser el que era y destaque en cada partido. Han cambiado esos sentimientos de ilusión por jugar y entrenar, por otros que, en muchas ocasiones les hace sentirse mal. Lo intentan, pero parece que cada vez Jaume se siente más presionado y no acaba de “encontrar la tecla” para rendir a su mejor nivel.
La Real Academia de la Lengua Española (RAE), define la palabra presión como a la “acción y efecto de apretar o comprimir”, “fuerza o coacción que se hace sobre una persona o colectividad” y “acoso continuado que se ejerce sobre un adversario para impedir su reacción y lograr su derrota”.
Es más frecuente de lo que quizás se podría pensar que, sobre todo en el fútbol base, existan comportamientos como el de Joan y su hijo Jaume, incluso en niños ya muy pequeños. Padres y jóvenes deportistas “aprietan” o se “sienten apretados” o “coaccionados”, o “coaccionan” para aparentemente rendir más; es decir, sienten presión y presionan (padres a hijos) para que tengan un aparente mejor rendimiento y así lograr lo que quieren padres e hijos.
Pero no es del todo así: en la enorme mayoría de las veces, cuando se presiona y cuando se siente más presión, se rinde peor. Porque la clave para dar el máximo no es meter más presión, sino crear las condiciones para que cada deportista tenga un buen funcionamiento. ¿Cómo hacerlo?
En primer lugar, aceptar la situación actual como parte del proceso: en el deporte, saber estar en diferentes situaciones es clave para dejar de lado lo que perjudica y centrarse en lo que se puede hacer para funcionar bien. Además, el deporte “da muchas vueltas” y hay casos claros en que deportistas que aparentemente contaban poco para su equipo, después han sido muy importantes y han tenido una enorme proyección.
En segundo lugar, centrarse en aquello que se puede controlar. La clave del rendimiento es hacer lo que depende de uno mismo, esto son tareas propias del juego en función de lo que se pide, entrenar adecuadamente, descansar cuando toca, alimentarse bien… en la medida justa, “sin pasarse ni tampoco quedarse corto”.
En tercer lugar, tener pensamientos adecuados, realistas, que focalicen la atención en el momento presente, en buscar soluciones a lo que ocurre, y en esforzarse aceptando las circunstancias.
En cuarto lugar, tener paciencia y saber esperar el momento estando preparado para ello. Nunca se sabe lo que va a deparar el futuro, pero sí lo que está ocurriendo en el presente, y sobre éste es donde se puede actuar. Se trata de hacer lo mejor que se puede hacer en el momento actual, con la suficiente tranquilidad, pero a su vez determinación necesaria para que, cuando aparezcan oportunidades, se esté preparado.
Por tanto, disfrutemos del momento actual, tengamos la sensación de que se está haciendo lo que mejor que se puede hacer en el momento actual, y el tiempo dirá.
La presión, en el deporte, tiene una definición, según la RAE, que se refiere al “Acoso continuado que se ejerce sobre un adversario para impedir su reacción y lograr su derrota” y se centra en aspectos relativos al juego”. Las otras dos definiciones, no ayudan al buen funcionamiento si no se manejan adecuadamente. Aprovechemos cada momento, peleando por lo que uno quiere con “cabeza”, y disfrutando del proceso.
David Peris Delcampo (@dperisd)
Presidente Federación Española de Psicología del Deporte
Presidente Associació de Psicología de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Profesor de la Universitat de València
Entrenador N3 TDS de Fútbol y Futsal
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte

