FC Cartagena y Valencia CF volvían a medir sus fuerzas en Copa del Rey. Un duelo que se ha convertido en un clásico del torneo del KO en las últimas temporadas y que también ha dejado momentos icónicos en el imaginario valencianista.
En los últimos enfrentamientos entre ellos, el conjunto ché ha roto el lema de los locales “Carthagonova invicta est”, ya que ha salido victorioso pese a jugar a domicilio y repitiendo el mismo resultado (1-2). Por eso, los de Corberán saltaron al verde con el objetivo de mantener la estadística, aunque lo hicieron con muchos cambios. Volver a jugar en tres días es lo que tiene y el míster de Cheste revolucionó un once con caras como las de Largie Ramazani o Ugrinic -recuperados recientemente al estar lesionados- y confiando tan solo en Rubén Iranzo en representación del filial.
El Cartagonova se fue llenando y en el ambiente se respiraba confianza por parte de los aficionados locales, una sensación que se reforzó por la actitud de los jugadores durante todo el primer acto. El Cartagena mostró su carácter más competitivo desde el inicio y planteó un choque de tú a tú, apretando con cabeza y a la espera de llevar un balón al fondo de las mallas. El Valencia no empezó mal, pero se fue diluyendo poco a poco y cometió varios errores no forzados que hacían creer al conjunto murciano que el 1-0 estaba cerca… y eso fue lo que sucedió. En una de las enésimas pérdidas en el centro del campo, el esférico le terminó llegando a Ortuño que fusiló a Dimitrievski y uno de los viejos rockeros del fútbol español adelantó al Efesé en el minuto 21.

Tras el tanto se esperaba una reacción del Valencia CF, pero nada más lejos de la realidad. Los pupilos de Corberán siguieron concediendo y no se venía ninguna idea de juego sobre el campo, teniendo una incidencia ofensiva inexistente: el primer tiro a puerta de los de la capital del Turia llegaría en el 44. Imperdonable.
La mala imagen dada del VCF en la primera mitad llevó a Corberán a mover el avispero para la segunda parte y un desaparecido Ramazani fue el sacrificado para dar entrada a Hugo Duro y ver si con dos puntas podía asustar un poco más. Sin embargo, el partido no empezó a tener un tono más blanquinegro hasta que entro el “alumno aplicado” Luis Rioja. La entrada del andaluz fue clave para darle amplitud al juego del Valencia CF y tanto por su banda como la de Diego López se provocó peligro suficiente para que Lucas Beltrán, en una de las internadas, abriera su lata particular como goleador ché. Tras muchos intentos fallidos, el argentino por fin vería portería para colocar el 1-1, llevar el partido a la prórroga y dar una vida extra a un Valencia CF moribundo.

Y en la prórroga se desató la locura, el delirio colectivo. Lejos de venirse abajo y que los minutos pesaran en las piernas de los futbolistas del Cartagena, tiraron de casta y de coraje para dejar casi en un KO técnico a los chés. El partido entró en un tramo en el que todo podía pasar y ambos equipos tuvieron en su mano romper el empate, pero el fútbol tenía preparado un final apoteósico. Santamaría dinamitó todo con una expulsión que podría haber evitado y desde ese momento el choque fue un correcalles.
En uno de esos arreones del Cartagena, unas manos dentro del área dieron vida y fe al Efesé para llevarse la victoria… pero Dimitrievski se vistió de héroe sin capa y se hizo gigante para parar la pena máxima. El Cartagonova no se lo podía creer, lo tenían en la palma de las mano y la oportunidad más clara no la habían aprovechado. Todo parecía abocado a los penales, pero el fútbol tenía una última sorpresa. El choque llegaba a su fin y el Valencia lo apostó todo en un ataque final que tendría recompensa: tras varios rebotes, Jesús Vázquez apareció para anotar el tanto de la victoria. La alegría cambió de bando en un suspiro, el Valencia sigue vivo en Copa, Cartagonova aplaudió el esfuerzo de su equipo y la estadística volvió a ganar con el 1-2 definitivo.

