En el Levante Juvenil A hay un chico de la que la masa madre, la elaboración, la fermentación, el horneo y la presentación están hechas y sacadas de Buñol. Un producto que ha pasado por todas las fases de la fábrica granota. Como el pan recién horneado que se vende en panaderías tradicionales y autóctonas. Pau Calvo es una de esas baguettes que han sido amasadas, elaboradas y horneadas en el mismo lugar. Un canterano 100% levantinista que lleva 10 años en Buñol convirtiéndose en el jugador más veterano del Juvenil A. Nacho Pérez se le acercaba (con 9 temporadas vistiendo la camiseta del LUD), pero su ascenso fascinante al filial ha dejado como único superviviente a Pau. Nacido en Vinalesa en enero de 2007, Calvo lleva toda la vida creciendo con las barras azulgranas. Su década se explica a raíz de mucho trabajo, esfuerzo y levantinismo en vena. Llegó al Levante en verano de 2015 y esta es su décima temporada.
Llevando el peso del ataque del equipo de Chechu Bernal junto a David Robles, del que destapamos su perfil hace un tiempo, reluciendo mucha entrega, pasión y ofrenda en lo que hace. Pau quizá no es el más llamativo, tampoco el más exuberante ni el que le gusta salir constantemente en la foto. Está alejado de los focos porque se centra en ayudar al equipo y sacar su mejor nivel. Pauet es un futbolista que brilla cuando tiene la pelota, pero brega y baja al barro cuando su equipo no la posee. Suele jugar en un doble pivote como interior ‘liberado’: al lado de Carlos Torres, el vinalesino es el que tiene tendencia a tocar más área rival y juntarse con Robles, Aleix y cía. El cuerpo técnico le pide que se resguarde y proteja el centro del campo, aunque por características, debe volar.

Un bote salvavidas para sus entrenadores
Pau es pura entrega: no es un jugador con un porte especialmente llamativo, pero disputa todas las jugadas y las pelea como si fuera el último minuto de partido. No es nada tarjetero y para montar contragolpes es el jugador ideal. Cuando los encuentros se atascan, es capaz de armar una jugada de peligro literalmente en una baldosa. Recibe, se gira, y en milésimas de segundos encuentra un espacio para asistir a un compañero. Es por ello que tiene tanta relevancia en el equipo granota. Con Álvaro del Moral ya era indiscutible y ahora con Chechu Bernal también sigue la misma tónica. Es el cuarto jugador de la plantilla con más partidos disputados este año (empatado con Aleix) y también ocupa el cuarto lugar en cuanto a titularidades. También tiene olfato: lleva dos goles en liga (Kelme y Alboraya) explotando una de sus mayores facultades: aparecer por sorpresa desde la segunda línea.
Es un seguro de vida en ese 4-4-2 más que instaurado. Necesita la pelota para brillar, pero cuando su equipo está metido atrás padeciendo, es el primero en ponerse el mono de trabajo y las katiuskas para juntarse en la medular y batallar. No tiene miedo en ir al choque y se deja absolutamente todo en el campo. Su trayectoria se resume en Levante, Levante y más Levante. El verano pasado, la coordinación de la cantera decidió promocionarlo al Juvenil A sin necesidad de repetir en el Liga Nacional. El año que viene continuará en DH y será uno de los estandartes del cuadro de Orriols junto a Manel Usedo, David Robles, Hugo Colom y Aleix Enríquez. Tiene contrato vigente por una temporada más.
En lo personal es un chico muy sencillo, bastante introvertido, pero cuando coge confianza, se hace con todo el mundo. Es muy querido en el vestuario y además está estudiando 2º de Bachillerato porque considera (sus padres también) que la formación es importante. El fútbol es gran parte de su vida, pero sabe que tener un plan alternativo le dará mucha gratitud. Pau lleva 10 años vistiendo de azulgrana y espera que haya otros 10 más.
