Ha pasado más de un mes desde que el pasado 29 de octubre una DANA provocase una de las mayores catástrofes de la historia de la Comunitat Valenciana, con 222 muertos, 4 desaparecidos, cientos de miles de damnificados y millones de euros en daños materiales. En lo que respecta al ámbito del deporte, la Generalitat ha registrado cerca de 70 millones de euros en daños a las instalaciones de clubes, escuelas y municipios. Las imágenes de vecinos y voluntarios sacando barro y lodo de sus domicilios, garajes y calles han sido y son una estampa diaria. Y una pregunta que muchos se repiten: ¿cuánto tiempo costará regresar a la normalidad, a la situación que se vivía en esos municipios un día antes de la tragedia?
La respuesta no es sencilla ni precisa, pero sí tenemos un buen marco de referencia para una aproximación. Las circunstancias no fueron las mismas, pero la DANA sufrida en septiembre de 2019 en Benferri y otras localidades de la Vega Baja (Alicante) puede suponer un buen punto de partida para escalar e imaginar los tiempos necesarios para que las calles de ciudades como Paiporta, Aldaia o Catarroja regresen a un estado de aparente normalidad. Para dos personas que vivieron en primera persona las inundaciones de 2019, el plazo estimado es claro: un año a partir de la catástrofe. Doce meses de limpiar, reorganizar y reconstruir.

ESPORTBASE Media contactó con el alcalde de Benferri, Luis Vicente Mateo Sr., y con su hijo Luis Vicente Mateo, ex director de la Academia VCF y actual responsable de los tryouts del portal Fútbol Jobs. Ambos fueron dos de las figuras clave hace seis años en las semanas posteriores a la DANA que devastó Benferri y destruyó el campo de fútbol Luis Rocamora, un colegio, varias urbanizaciones y dejó la localidad arrasada, en la línea de las imágenes que estamos viendo en el último mes.
«Lo que hemos visto estos días nos ha traído muchos recuerdos de lo ocurrido en 2019. No se olvida: lo llevamos grabamos en la mente y en el corazón. Fueron momentos muy complicados», recuerda el alcalde, que también tuvo un sentido recuerdo para las tres personas fallecidas por aquel entonces, «un número menos elevado que el que ha habido en Valencia».
La fotografía que dibuja de aquellas horas del 12 y 13 de septiembre de 2019 pueden resultarnos familiares: «Era de día, la gente ya estaba en pie. Cuando llegó la avalancha de agua desde las montañas (más de 500 litros en 12 horas), se llegaron a meter casi tres metros de agua en sótanos, metro y medio de agua en las calles… Pero por la mañana le dio tiempo a la gente a subirse a las zonas altas de las casas y adosados. Se salvaron muchas vidas. En el casco antiguo apenas hubo daños, pero dos urbanizaciones del entorno de Benferri quedaron arrasadas», recuerda.

Su hijo Luis Vicente lo vivió en plena etapa internacional, como responsable de la Academia del Maccabi Haifa en Israel. Tuvo que verlo todo a través del teléfono móvil durante días antes de poder poner un pie en su localidad natal: «Estaba conmocionado, con sentimientos de impotencia y tristeza viendo los videos. Todo el pueblo se vio afectado. Esta DANA de 2024 te hace revivir todos esos momentos», rememora.
Una de las imágenes más chocantes fue la del campo Luis Rocamora de Benferri, literalmente partido en dos como si un terremoto hubiese hecho acto de presencia. «No había campo. Literalmente. Te impacta, pero la vida te muestra que hay que seguir adelante. Regresé a las tres semanas y organizamos un congreso de fútbol base en la Vega Baja para ayudar a las escuelas», indica el técnico deportivo. Dicho congreso fue un éxito, congregó a personalidades del deporte de toda la Comunitat y sirvió como punto de arranque para una recuperación que iba a ser muy costosa.
Un año (mínimo) para la recuperación
«Volver al Luis Rocamora nos costó un año», indican padre e hijo. La escuela del Benferri tuvo que protagonizar un éxodo de jugadores -como ocurre ahora en la provincia de Valencia con las escuelas damnificadas- y repartirse en varias instalaciones. «Orihuela prestó campos para que los niños de Benferri pudiesen entrenar, sobre todo en el fútbol-8″, explica Luis Vicente hijo. El Amateur compitió y entrenó en los campos de Redován, Jacarilla y otros lugares. «Llegaron ayudas, la gente se volcó, el Valencia CF hizo una taquilla en Mestalla para recaudar fondos para la escuela de Benferri… La solidaridad de la gente hizo que los niños no tardasen mucho en volver a la actividad que más les gusta», apunta.

Hace seis años, los daños en la localidad se fijaron en cerca de dos millones y medio de euros, lejos de las monstruosas cifras que se barajan en la tragedia más reciente. Gobierno central, Diputación de Alicante y Generalitat apoyaron al máximo de sus capacidades, según el alcalde. «Y, al igual que en Valencia, vinieron centenares de voluntarios que ayudaron en las tareas de limpieza», añade. Mucho barro que limpiar, sí, pero también una ingente labor de reconstrucción a nivel de instalaciones.
El Luis Rocamora, una piscina municipal, el polideportivo, pistas de tenis, frontón, un colegio de primaria… Todo quedó muy dañado. «El colegio se preparó para regresar en 15 o 20 días, fue lo más rápido», recuerda Luis Vicente padre. El resto de recintos tardó mucho más: «Hasta junio o julio no pudimos poner en marcha muchos de ellos. En el caso del Luis Rocamora, un año para poder volver«. Hubo que limpiar, evacuar desperfectos, cimentar de nuevo, asentar, reconstruir gradas, torres de iluminación, traer un nuevo césped artificiar e instalarlo… La pandemia de por medio no ayudó a agilizar las cosas; de hecho, las retrasó todavía más. Al final, el 13 de septiembre de 2021, dos años después de la devastación, el Benferri pudo reinaugurar su instalación, que luce flamante en la actualidad.

Como siempre, los tiempos son relativos. Ambos reconocen que la ayuda recibida fue importante y que lo fundamental fue que se salvaron muchas vidas. La reconstrucción de un pueblo pequeño como Benferri no puede compararse al esfuerzo que hará falta en las zonas afectadas en la DANA de 2024, pero también es cierto que los medios técnicos y económicos que se pondrán a disposición ahora serán mayores. Más allá del dinero, el alcalde desea resiliencia a los afectados.
«El mensaje de ánimo a mandar a todas las zonas afectadas: que no decaiga nadie, que sigan trabajando vecinos y voluntarios. Aquí ya lo vivimos. La sociedad valenciana y española es comprometida y muy solidaria. Ese sentimiento de recuperar nuestros pueblos nos dio y nos dará fuerza para volver a la normalidad», proclama Luis Vicente Mateo Sr. Su hijo manda un mensaje similar, con un guiño al mundo del deporte muy útil para no desfallecer: «Habrá gente cansada y agotada de tanto trabajar a destajo, sólo queda animarles. A la gente del fútbol, intentar que a ningún niño le falte de nada. Y que nadie olvide, porque esto va para largo. Esto no es un sprint, es una maratón«, remata.

