Hablemos de verdad de los árbitros

Hace no demasiado que se recordó por parte de las federaciones la presencia de comportamientos verbales inadecuados o incluso agresiones hacia árbitros, sobre todo de fútbol base y la necesidad de abordar “de verdad” esta cuestión.  Obviamente, debemos trabajar en que el comportamiento de todos en el deporte sea el adecuado, sobre todo en un deporte de base, pensando en los más jóvenes. Cierto es que el deporte en general y el deporte de base en particular, precisa cada vez más de especialización en todos los niveles y buenas actuaciones para que el deporte de base sea de calidad.

Por ejemplo, los entrenadores cursan titulaciones propias y más, los preparadores físicos una carrera y su especialización en muchos casos; los fisioterapeutas, además del grado universitario muchos se especializan; los psicólogos del deporte, además de los estudios reglados en Psicología, un Máster en Psicología del Deporte y muchos de ellos están acreditados como Expertos en Psicología del Deporte por el COP; e incluso cada vez más clubes realizan funciones de asesoramiento a padres y madres (recuérdese por ejemplo el programa de Elige esos Cinco de la Fundación Deportiva Municipal de Valencia en colaboración con la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana – APECVA) para ayudarles a que hagan mejor su trabajo… Y no sólo eso, muchas entidades buscan que esos deportistas sean también mejores personas (desarrollando buenos valores, por ejemplo), ofreciendo medios para ello. Es decir, se busca mejorar en todos los aspectos. 

Quizás el gran paso que nos pertoca, es incorporar a los árbitros como un gran elemento más educativo, formativo y competitivo, en el deporte de base, ofreciendo todos los medios posibles para ello; y eso además reducirá tensiones, mejorará la relación entre todos los agentes implicados y, sobre todo, aumentará la calidad de un deporte que debe ser óptimo para los más jóvenes. Me explico. 

¿Qué está pasando ahora? ¿Los espectadores y demás respetan y entienden la figura del árbitro?; ¿los árbitros son capaces de ponerse en el lugar de esos técnicos que invierten muchas horas, esos deportistas que entrenan varios días a la semana con gran ilusión…? ¿Parece que todos van a una buscando ofrecer su mejor versión para un deporte de calidad? ¿O es como si fueran dos bandos enfrentados, el de los árbitros y los demás? 

Por cierto, hay árbitros que funcionan muy bien, que son capaces de centrarse en su trabajo, en dialogar correctamente, en omitir las presiones externas, limitar sus propios sesgos, en buscar que el juego fluya… aunque se equivoquen a nivel “técnico” (como lo hacemos todos). Y eso hay que valorarlo como se merece haciéndoles importantes cuando lo hacen bien; y reconocerlo. 

Permítanme que ponga algunos ejemplos de actuaciones arbitrales en fútbol base dignas de reseñar que, obviamente, habría que mejorar (centrándose en su funcionamiento, no a si aplican bien o mal el reglamento, que eso es cosa de otros) para contextualizar todo esto: 

  • Un árbitro de una categoría importante alevín que, vestido en chándal con zapatillas (en lugar de botas) y un pantalón que no es el oficial (una especie de vaquero elástico), llega tarde a un partido retrasando el inicio de este sin justificación alguna. Empezó el partido permitiendo que sacaran una falta con un niño en el suelo lesionado que después no pudo continuar; y diciendo a los delegados al descanso que si oía un insulto no se reanudaba el choque (con la perplejidad de los espectadores que percibían un partido limpio). Durante el mismo, sin mediar apenas diálogo con entrenadores y jugadores, sacó 7 tarjetas amarillas y dos rojas a los visitantes y una a los locales, con el asombro de aficiones de ambos equipos. ¡En alevines! 
  • En un partido de prebenjamines, en un derbi de la capital, con el choque igualado, con 3-2 a favor de los locales y faltando 30 segundos para la cumplimentación del tiempo reglamentario, el árbitro pita el final cuando el equipo visitante realizaba un contrataque claro que bien podría ser gol. Tras el choque, el trencilla le dijo a alguien que estuvo viendo el partido que cómo quedaban por la tarde para ver a su equipo: “casualmente” era el primer equipo del prebenjamín que había ganado ese partido. ¿El árbitro favoreciendo intencionadamente a su equipo en un partido de prebenjamines y diciéndolo abiertamente? 
  • En un partido de benjamines, uno de los jugadores salió llorando hasta tres veces por las duras entradas y juego brusco de un rival, sin poder acabar el partido y saliendo cojo del campo. Cuando acabó el choque, el padre del niño lesionado, acercándose a él y viendo que el árbitro también se le acercaba, le comentó al trencilla: “igual no lo has visto, pero el siete ha estado todo el rato zumbando al 3,.. es que ha sido todo el partido…” sabiendo además que su hijo lo escuchaba y que se sentía apoyado por su padre. En eso, el árbitro empezó a esgrimir algo así como “que si perdemos tenemos la culpa, que si ganamos también… al final toda la culpa es nuestra”. En eso que el padre, viendo la situación extraña, le insistió en que “no te he dicho nada, olvídate lo que te he dicho”, a lo que el árbitro sigue con lo suyo acabando con un “iros todos a la mierda”, con el tremendo asombro de los asistentes. ¿El árbitro mandando a la mierda a los espectadores? 
  • En un partido de alevines, ese árbitro que empieza hablando con prepotencia (con falta de respeto me dijeron) a los jugadores sacando tres tarjetas a los locales y cuatro a los visitantes por comentar jugadas con él (sin mediar insultos ni falta de respeto de los jóvenes futbolistas); y sólo anotando en el acta las amonestaciones de los visitantes; e incluso durante el partido pitando al menos hasta tres fuera de juego mucho antes de llegar a la línea de fuera de juego, sólo al equipo visitante, claro. ¿De verdad que no sabía que en fútbol-8 sólo hay fuera de juego cuando se sobrepasa la línea de fuera de juego?  

Y esto son solo cuatro ejemplos. Podríamos hablar también de la del árbitro que señala con los pulgares hacia abajo a la afición de un equipo que acaba de perder; o aquél que en lugar de ayudar a controlar las emociones de un niño o joven que está perdiendo una final importante de fútbol-8, le muestra una tarjeta roja sin pestañear ni mediar palabra y con gestos bruscos; o aquél otro que … bueno, dejémoslo aquí que igual ha quedado clara mi argumentación. Y no me refiero a si aplican mejor o peor el reglamento; si no a su manera de comportarse y gestionar las situaciones. ¿Qué ocurre si un árbitro tiene comportamientos inadecuados como los descritos? ¿Existe una manera de hacerle entender sus errores de funcionamiento o se sienten inmunes ante todo? 

Obviamente, hay que trabajar para que el comportamiento de espectadores y demás sea el mejor. Y de hecho se aplican sanciones a entrenadores, jugadores, dirigentes e incluso espectadores cuando se “comportan mal” y cometen errores de funcionamiento, falta de respeto y demás. Y también hay que mejorar el de los árbitros para que tengan recursos suficientes para enfrentarse a situaciones estresantes; para que su funcionamiento sea lo mejor posible; para que sean ese elemento clave en el desarrollo del deporte de calidad “de verdad”. Y la Psicología tiene recursos para ello: de hecho, desde hace tiempo que se estudia el comportamiento de árbitros y se trabaja con ellos. 

¿Es suficiente con que un árbitro haga un cursillo de reglamento para “echarlo a los leones” como dicen algunos? ¿O habría que hacer algo más pensando en que sepan manejarse ante diferentes situaciones?  

Por cierto, ¿qué pensará ese espectador, padre/madre, entrenador, dirigente, incluso jóvenes deportistas… que invierten mucho tiempo, esfuerzo, dinero… cuando ve errores graves de funcionamiento como los citados (e incluso falta de respeto) y no se hace nada para remediarlo? ¿Y cómo reaccionará ante lo que igual considera una injusticia? 

Al final todo está relacionado. Está claro que árbitros jóvenes (y no tan jóvenes) se tienen que enfrentar muchas veces a situaciones estresantes; y que espectadores “cafres” los hay y hay que tomar medidas, claro; pero también que se puede mejorar el colectivo arbitral aplicando estrategias relacionadas con la Psicología adecuadas para ello. Y no sería tan complicado. Por ejemplo, se podría ofrecer una plataforma on line con recursos y actividades didácticas para ello, a la vez e igual de importante al menos que el “cursillo de reglamento”. Incluso ofrecer talleres, charlas o similar prácticos gratuitos por videoconferencia o presencial. También buscar ajustar bien las designaciones, porque hay partidos más estresantes que otros, velando también por la paulatina adaptación a situaciones estresantes; trabajar el orgullo de ser buen árbitro y reconocerlos por sus buenos comportamientos y no hacer tanto hincapié en los errores; hacer que espectadores y demás, sepan que se hace un trabajo con los árbitros para que tengan cada vez mejores comportamientos y funcionen mejor y valoren a los buenos árbitros (que los hay); mejorar su comunicación con los demás; que sepan centrarse de verdad en lo que depende de ellos; cambiar pensamientos de árbitros del tipo “van a ir a por mí y me tengo que defender”, por los de “formo parte de este juego y tengo una labor importante que voy a intentar hacer de la mejor manera” sabiendo qué hacer para manejarse… Se podría hace un buen programa, aplicando la Psicología, para mejorar todo esto y más. Un programa muy fundamentado, ameno y práctico, que además les hiciera invertir poco tiempo a esos árbitros que quieren aprender

Porque esto no debería ser una guerra entre bandos. Sino un trabajo conjunto para que todo mejore. Cada cual debe asumir su responsabilidad. Y ¡valoremos lo que se hace bien!, no sólo centrarnos en lo que supuestamente se hace mal. Es fundamental empezar a reforzar conductas adecuadas también de los árbitros para que cada vez más se repitan los comportamientos “buenos” (diálogo, autocontrol, imparcialidad, intención de hacerlo bien, asumir errores con naturalidad y aciertos también…) y se genere además ese sentido de pertenencia necesario para ser árbitro, y se sienta uno realmente ilusionado por ser un buen árbitro

Pensemos en este reto y, entre todos, mejoremos, ayudemos a que esos árbitros sean de calidad, para ese deporte de base de calidad

David Peris Delcampo 
@dperisd 
Presidente Federación Española de Psicología del Deporte • Presidente Associació de Psicología de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA) • Profesor de la Universitat de València • Entrenador N3 TDS de Fútbol y Futsal • Psicólogo Experto en Psicología del Deporte

Autor / 48 publicaciones

Psicólogo experto en Psicología del Deporte apasionado por el mundo del fútbol y el fomento de un deporte de calidad. Tengo el título de Entrenador Nacional de Fútbol y también el de Fútbol Sala y, desde hace más de 25 años, trabajo ayudando a deportistas, entrenadores, dirigentes, padres y madres… a que gestionen los aspectos psicológicos del deporte de la mejor manera. Soy el presidente de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana y Presidente de la Federación Española de Psicología del Deporte.

Un comentario en “Hablemos de verdad de los árbitros

  1. Estoy de acuerdo en gran parte con su discurso, aunque entiendo que hay otros muchos factores y sesgos que intervienen en todo este entorno de conflicto contra los árbitros.
    ¿Es cierto que hay árbitros cuyo comportamiento está fuera lugar? Totalmente. Exactamente igual que los comportamientos fuera de lugar de jugadores, entrenadores, aficionados, médicos, psicólogos o mecánicos. Este es un tema que va más allá de responsabilidad profesional.

    Estoy de acuerdo en que se debe ofrecer y dotar a los árbitros de preparación física, técnica y psicológica, cosa que no se hace de forma adecuada, y en muchos casos es inexistente (por falta de profesores y preparadores físicos, falta de conocimiento de los propios formadores o falta de recursos económicos), ya que las federaciones y los comités, los cuales están formados por los clubes, no ven esto como una inversión, sinó como un gasto. Por lo que no se hace nada desde ninguna de las partes: comités, federaciones y clubes.

    Pero, si este fuera el problema, un árbitro que tiene un comportamiento profesional, no recibiría ninguna queja ni ningún insulto. Todo el mundo entiende y comprende que un jugador de 18 años tenga un comportamiento antideportivo y «se pique» con un adversario o responda de malas maneras a un árbitro porque es muy joven y debe aprender. Sin embargo, nadie acepta que este comportamiento lo tenga un árbitro, a pesar de que este árbitro tenga 16 o 18 años.

    Por lo tanto, creo que aquí intervienen ciertos sesgos y cuestiones propias de los individuos, como por ejemplo:
    – El tema de las identidades de grupo: lo que consigue mi equipo es gracias a nosotros, lo que no es debido a factores externos como los árbitros. Los que pertenecen a un equipo memorizan únicamente los errores arbitrales en contra de ellos, ya que les causa un impacto negativo en sus emociones. Cosa que no ocurre con los errores a su favor o los aciertos a su favor.
    – Los grupos diluyen la responsabilidad: en la grada, cualquier insulto queda ocultado por el grupo. La gente no tiene responsabilidades ya que no tienen consecuencias, por lo que hay mayor probabilidad de comportarse de forma muy distinta al comportamiento que se tiene en otros contextos donde si hay determinadas consecuencias.
    – La incapacidad para comprender al árbitro y empatizar con su trabajo, debido en gran parte al desconocimiento por el trabajo arbitral: todos sabemos lo complicado que es jugar y las emociones intensas que tiene un jugador porque todos hemos jugado dentro de un equipo y conocemos todo desde dentro. Pero, ¿cuántas personas han arbitrado y se han sentido árbitros? Casi nadie. Por lo tanto, es mucho más complicado ponerse en el lugar del árbitro y entender que está solo, no tiene apoyo emocional como los jugadores con sus compañeros, que está cansado y tiene más errores en la toma de decisiones igual que los jugadores, etc.
    – Se generalizan los errores: el error de un árbitro o el mal comportamiento de un árbitro, se extrapola y generaliza a todos los demás integrantes de los árbitro, como si ese comportamiento fuera el representativo de los árbitros.
    – Se utilizan como chivos expiatorios: para tapar un mal partido y los errores cometidos, o incluso una mala temporada y justificar un descenso, se externalizan los problemas culpabilizando al árbitro, que es el eslabón más desprotegido socialmente (y me atrevería decir que federativamente también, ya que a los jugadores los defienden los clubes pero a los árbitros no los defiende la federación en términos reales), y el blanco de todas las quejas.
    – Cultura histórica propia del deporte: en deportes como el balonmano no se produce la cantidad de protestas y quejas (no hablo ya de insultos) que se producen en el futbol. Por lo que eso incrementa la sensación de errores arbitrales, ya que se le incrementa el valor del error al repetirlo continuamente.

    Dicho lo cual, creo que se debe hacer un a reflexión por parte de todos los estamentos: federativos, políticos y los propios deportivos (clubes y CTA).

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