Marcelino, Emery y Lopetegui, una transición desde la pizarra española

Marcelino García Toral, Unai Emery y Julen Lopetegui son tres entrenadores que han sabido adaptarse al fútbol surgido a raíz de la pandemia de la covid-19 y muestra de ello son los tres títulos que ganaron desde entonces, con lo que se han convertido en los únicos técnicos españoles que alcanzaron dichos logros y también en protagonistas del libro ‘Transición, acoso y posesión’, escrito por el periodista Jesús Alba.

Los tres pueden presumir de haber ganado alguna competición desde el parón provocado por la covid: Lopetegui ganó con el Sevilla la Liga Europa en 2020, al igual que Emery con el Villarreal en 2021, mientras que Marcelino se alzó con el Athletic Club con la Supercopa de España de ese mismo año.

Jesús Alba (Gines -Sevilla-, 1971) lleva desempeñando labores periodísticas desde hace 25 años en varios medios de la capital andaluza. En ese tiempo también ha obtenido las titulaciones de Entrenador Nacional, Técnico Superior Deportivo y Dirección y Scouting Deportivo, experiencia que le ha brindado la oportunidad de trabajar en las secretarías de club andaluces como el Coria, el Castilleja o Xerez DFC, donde ha desarrollado las labores de analista y asistente técnico.

Alba contó a EFE cómo la popular editorial argentina librofutbol.com le puso sobre la mesa el escribir una obra enfocada en aspectos técnicos que tuviese como principal y potencial público a los entrenadores. Idea a la que, según señaló el autor, le dio un giro de tuerca para volverla más didáctica.

UNA BASE, TRES MODELOS

Partiendo de la presión intensa, punto de partida y a la vez denominador común, el periodista analiza en este ensayo los matices que diferencian a los planes de juego de estos tres ‘místeres’, así como los automatismos que suelen emplearse en sus equipos.

A Marcelino le basta con siete segundos y cuatro o cinco rápidos toques. De lo contrario, la contra se convierte en un ataque más plano. El asturiano no detesta tener el balón, pero ve a la posesión poco útil si no se transforma en ocasiones, de las que suelen disponer su característicos dos delanteros. La relación del futbolista con el espacio o la transición son otras de sus principales armas.

Emery es un ejemplo de versatilidad. ‘Míster Europa League’, como lo reconoce Alba -el guipuzcoano tiene cuatro títulos en su palmarés- y gran parte del planeta fútbol, no se casa con nada ni con nadie. Ahí nace la comparativa entre míster y camaleón, ya que puede ‘mudar de piel’ (o estructuras, según se vea) según lo que precise su equipo o el partido. Sobre una base que sientan los cuatro de atrás, las posibilidades son infinitas: salidas de balón por dentro, por fuera, laterales con gran protagonismo…

Por otro lado, Lopetegui parece encontrarse en una relación constante y duradera con el esférico. Con el objetivo de tenerlo bajo su control durante el mayor tiempo posible, realiza presiones desde la punta de ataque o tras pérdida. Con su tradicional 4-3-3, el de Asteasu intenta controlar cada encuentro desde el dominio de la bola.

LA IRRESISTIBLE LLAMADA DE LA PREMIER LEAGUE

Algo que no parece cambiar con el paso del tiempo es el potencial de la Premier League, primera división futbolística inglesa. Su modelo, sustentado en un reparto económico más equitativo, ha provocado que cualquiera de los veinte clubes que conforman su campeonato disfruten de un gran potencial económico, a lo que se suma un juego considerado más ‘vistoso’.

Emery y Lopetegui, dos de los protagonistas del libro recientemente estrenado, hicieron las maletas esta campaña para cambiar Villarreal y Sevilla por Birmingham (ciudad donde reside el Aston Villa) y Wolverhampton (lugar en el que juegan los ‘Wolves’), respectivamente. Nuevos destinos en los que parecen abrirse un sinfín de posibilidades.

Alba justifica este exilio en el evidente potencial de la máxima competición doméstica de este país, que amenaza con seguir creciendo en un futuro cercano. Al ganar más, se puede invertir una mayor cantidad no solo en el mercado de fichajes, sino también en unas secretarías técnicas que pueden suponer otro aliciente añadido para estos inquilinos de banquillos, que pueden llegar a contar con varios especialistas en las áreas que consideren más importantes.

El MÉTODO ESPAÑOL, EN ENTREDICHO

De la pizarra al césped, Alba detecta un problema que parece haberse evidenciado durante el último Mundial de Qatar: la metodología española, que gobernó con casi total autoridad el viejo continente y más allá en 2008, 2010 y 2012, necesitaba un nuevo enfoque. Como lo sufrió su libro.

Como explica el periodista, el futbolista que se suele ‘fabricar y exportar’ es aquel que se cree necesitar. En Francia, el cliché predominante es el del delantero (véase a Papin, Henry o Mbappé); en Uruguay, la ‘garra charrúa’ lleva produciendo aguerridos centrales desde antes de albergar la primera edición de la Copa Mundial, en 1930; y en Brasil, los extremos ágiles y creativos, como Ronaldinho y Neymar, llevan gambeteando por las dos bandas de su ataque desde antes de que su zamarra se colorease de su ya característico ‘verdeamarelo’.

En España, el prototipo predominante se identifica con el de un mediocentro de mente creativa, pase de seda, alma de inventor y que, casi siempre, suele rondar el 1,70 (y pocos) en su menuda estatura. Ahí están los David Silva, Juan Mata, Pedri, Gavi o los ‘inmortales’ Xavi y Andrés Iniesta, mejores y más claros ejemplos de unos jugadores que cada vez suelen aparecer con menos frecuencia.

Producto que responde a una metodología que aterrizó en España de la mano de Rinus Michels. El entrenador neerlandés implantó un estilo que más tarde fue perfeccionado por su compatriota Johan Cruyff, su discípulo más avanzado. Tras él otro pupilo en el Barcelona, Pep Guardiola, lo elevó a un arte cuyas pinceladas han inundado tierras germanas y territorios británicos.

Sin embargo, de poco sirve estancarse en el ayer. El presente aprieta y el futuro, incierto, aguarda. El tiempo ha demostrado que el juego ‘a la española’ necesita un plus. Algo más, un avance que bien podría relacionarse con el aumento del músculo o, simplemente, con entrenar más el disparo a portería. A lo mejor todo se resume en entrenar algo tan primitivo y esencial como lo es el introducir una pelota, cada vez más colorida, dentro del arco.

LA PIZARRA ESPAÑOLA, EN TRANSICIÓN

Tras la tempranera eliminación mundialista, Luis Enrique dejó de ser el seleccionador nacional. Días después, Luis de la Fuente fue anunciado como nuevo inquilino del banquillo español, para el que llegó a sonar (y mucho) el propio Marcelino. Un cambio con el que se podrá continuar con parte de la esencia y el plan planteados por el técnico asturiano, pero que tendrá que adaptarse a las particularidades del estratega riojano, ya exseleccionador español sub-21.

Como indica Alba, si no modificamos el rumbo solo nos quedarán «petos de muchos colores y el campo lleno de conos y chinchetas de diferentes tonalidades». Muchos matices que pueden ir del amarillo más alegre, tras aplastar victoriosamente a Costa Rica, al negro más carbonado por la enésima decepción mundialista, que tuvo como verdugo al combinado marroquí.

Así, España parece estar adentrándose, una vez más, en una época de transición. Esta vez desde su balompié. Tras lo que parecía haberse convertido en una dictadura posesional, el cambio parece más necesario porque, como se suele decir, algo en abundancia, llevado al extremo, suele convertirse en malo o perjudicial. La posesión, en este caso, también. 

Texto: Agencia EFE

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