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¿Deporte base orientado a cada persona o hacia un criterio definido y estandarizado?

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Un entrenador (llamémosle Eusebio) de un equipo alevín, al que le apasiona el fútbol, tiene una idea muy clara sobre cómo quiere que juegue su equipo, cómo debería ser cada jugador en cada posición e incluso cómo deben comportarse. Ha estudiado mucho la manera de jugar, a los “grandes jugadores” y sus comportamientos, y tiene un perfil muy claro sobre qué “personalidad” debería tener cada posición, qué manera de interpretar el juego, qué forma de jugar e interpretar el juego debería tener cada uno. Y trabaja para ello. Preparar entrenamientos relacionados con esas cosas, con inculcar su manera de ver el fútbol y “su mundo del balompié” a esos jugadores que les ha tocado entrenar. Pero no sólo como pequeños futbolistas, sino también como personas, porque él tiene muy claro (porque lo ha “estudiado”) cómo deben ser los buenos futbolistas.

Otro entrenador (por ejemplo Jaime, de otro equipo de fútbol alevín), dice que es un apasionado por el fútbol y muy estudioso de todo lo que está relacionado con el entrenamiento de calidad, según dice. Estudia las formas de jugar, lo que puede hacer cada jugador en el campo, diferentes posiciones, sistemas… y varias maneras de realizar los entrenamientos en función de diferentes aspectos que él tiene en consideración en relación cómo percibe a los jugadores, las condiciones de entrenamiento, lo que ocurre el día antes…

En el primer entrenamiento de Eusebio, estaba todo preparado, todo bajo su control. Empezó con una charla sobre cómo debería ser su equipo, e incluso tenía indicaciones escritas sobre cómo debería comportarse cada pequeño futbolista y hasta cómo debería ser. Tenía todo muy detallado y muy claro. Y estaba dispuesto a inculcarlo a sus jugadores, a imponer su criterio… todo eso desde su punto de vista, el de él como entrenador

Para su primer entrenamiento, Jaime había preparado unos ejercicios donde sus pequeños futbolistas se pudieran expresar, tanto desde el juego, como diciendo, de la manera que quisieran, aquello que querían decir sobre ellos mismos, sobre cómo entienden que debería ser un buen equipo… es decir, quería averiguar (con las lógicas limitaciones que supone esto y respetando el espacio de cada jugador) cómo funcionaban sus futbolistas, cómo eran cada uno de ellos para, a partir de ahí, construir todo lo relacionado con los entrenamientos, los jugadores y el equipo. Partía de los propios futbolistas para planificar el trabajo, para ir modificando lo necesario en función de lo que ocurre, para sacar todo el potencial de cada niño de once o doce años partiendo de las propias características de cada uno.

Eusebio y Jaime quieren hacer su trabajo como entrenador de alevines lo mejor posible. Se han formado y preparado mucho, con ilusión y criterio. Ahora bien, ¿qué efecto tendrá cada manera de funcionar en sus jugadores?

Básicamente, la diferencia de cómo enfocan su trabajo como entrenadores de base Eusebio y Jaime es lo que se llama estar centrado en uno mismo, o estar centrado en la persona. Es decir, podemos hacer una actividad pensando en imponer nuestro criterio sin tener en cuenta al otro, o bien buscar la manera de hacer que el otro funcione bien, partiendo de las necesidades de la persona que se tiene delante, de lo que realmente precisa. ¿Qué es mejor para el desarrollo de jóvenes futbolistas? Piensen por un momento y decidan que harían si tuvieran que entrenar a un equipo alevín (o de otra categoría) y qué efecto tendría su decisión en sus jugadores o incluso en el rendimiento.

Yo lo tengo claro, y cada vez más se busca realizar un trabajo orientado a la persona, y no orientado a un criterio propio sin tener en cuenta a los demás.

Es más fácil, en educación, en entrenamiento… soltar tu “rollo” y el que se tenga delante que “se busque la vida” para incorporar ese “rollo” a su funcionamiento. Ahora bien, cuando se trabaja desde la persona, partiendo de lo que es y funciona cada uno, el avance es mucho mejor, de mucha más calidad, de mayor satisfacción para todos. Pero es más difícil, claro, hay que saber hacerlo.

En entrenamiento psicológico, por ejemplo, ocurre igual. No es lo mismo “aplicar recetas”, “enseñar técnicas psicológicas” únicamente, en un despacho, por ejemplo, que analizar cómo funciona ese deportista en su entorno competitivo para  a partir de ahí buscar soluciones (desde la ciencia que es la Psicología) adaptadas a cada deportista buscando, según las condiciones posibles, esas estrategias psicológicas (a través del entrenador, padres y madres, otros miembros del cuerpo técnico, el propio deportista…) que sean muy ajustadas a ese/a deportista para así optimizar su funcionamiento. No es lo mismo estar orientado a impartir lo que uno quiere, que partir desde la persona para buscar la mejor manera de que funcione mejor.

Es la gran diferencia entre estar orientado hacia un criterio desde el punto de vista del que lo imparte (el entrenador Eusebio, por ejemplo) u orientado a la persona (el entrenador Jaime, por ejemplo). Aunque en ambos casos de entrenadores se trabajen conceptos similares futbolísticos, por ejemplo, incluso se juegue de manera similar.

En mi caso, desde luego, prefiero estar orientado a la persona: es más costoso, seguramente hay que saber más, tener diferentes competencias para trabajar, pero es mucho más eficiente para los jugadores, y otras personas con las que trabajemos.

Cada persona, cada niño, cada niña, joven, adulto… es único y, como tal merece un trato único para su desarrollo y funcionamiento. Y eso tiene que ver con trabajar orientado a la persona.

David Peris Delcampo
@dperisd
Presidente Federación Española de Psicología del Deporte
Presidente Associació de Psicología de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Profesor de la Universitat de València • Entrenador N3 TDS de Fútbol y Fútsal • Psicólogo Experto en Psicología del Deporte

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