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Draymond Green y la gestualidad del entrenador: ‘Pierdes balones por no querer perderlos’

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No hay nada como una reflexión profunda de una superestrella de cualquier deporte para obligarnos a darle una vuelta a cualquier concepto formativo instaurado desde hace décadas en los banquillos.

Se ha convertido en habitual la imagen del técnico gesticulante, exagerado, sobreactuado ante cualquier acción -positiva o negativa- de su equipo. Un comportamiento que, lejos de motivar y energizar a los jugadores, puede provocarles justo lo contrario: ser un manojo de nervios asaltado por la duda. Abrimos comillas para escuchar a Draymond Green, ala-pívot de los Golden State Warriors de la NBA:

“Cuando pierdes un balón, la reacción natural de cualquier jugador es mirar hacia el banquillo. Miras al banquillo y el entrenador está así… (se tapa la cabeza con las manos). Y los entrenadores asistentes están así… (se tapa la cabeza con la capucha). “¿Qué narices?” Miras a la banda y parece que se acaba el mundo. ¡No hay donde escapar! Conforme esto pasaba, a mi juicio, los jugadores empezaron a perder balones precisamente por intentar no perderlos. Veían a alguien desmarcado, empezaban a pensar en las pérdidas, dudaban… pero estaba sólo, la pasaban y ahí está, otra pérdida.”

“En ese punto, cuando eso empezó a ocurrir, intentas entender qué ocurre. Me fijé en los compañeros y veía que, tras perder una pelota, alguien miraba al costado… y luego agachaba la cabeza. ¡Y yo sé lo que se siente! Hasta ese momento, yo llevaba sólo una pérdida, que no está tan mal. Se puede vivir con una pelota perdida. Pero sé lo que sintió al perderla, mirando hacia la banda. Así que me acerqué al entrenador y le dije: “Coach, necesitamos tu lenguaje corporal. Miramos al banquillo cada vez que perdemos la pelota. Sabemos que la hemos perdido, y tratamos de arreglarlo. Pero cada vez que miramos, parece que se ha muerto alguien. Es desmoralizante”. Y él me contestó: “¡Bueno, estoy intentando apoyaros! Pero… ¿qué se supone que debo hacer ante tantos balones perdidos?” Le dije: “Bueno coach, si quieres insultarnos…”. “¡Ya lo hice!”, me contestó. “Pues sigue haciéndolo”, respondí, “pero si sigues agachando la cabeza, nos estás matando”. Y él dijo: “De acuerdo”.

Y su energía cambió en un momento. Y nuestra energía cambió en un momento. Quiero decir… Es el líder de nuestro equipo. Si miras a la banda y tiene la cabeza gacha, tú también le imitarás. Hay veces en las que él viene a decirme: “Nos estás matando hoy, tu lenguaje corporal es negativo. Tienes que mejorar tu lenguaje corporal”. Y yo me doy cuenta de inmediato de que, cuando mejoro mi lenguaje corporal, todo el equipo se reactiva. Y eso es lo que pasó el otro día: él mejoró su lenguaje corporal, el cuerpo técnico le siguió, los jugadores le siguieron y pudimos cambiar las tornas”.

En realidad, no hace falta desglosar todas las pinceladas sobre entrenamiento, motivación y gestión de grupos que el talentoso ‘4’ de los Warriors deja en estos dos minutos y medio. Tan sólo cabe recalcar lo obvio: el entrenador es el líder del grupo, el referente para un equipo en cualquier deporte, y su gestualidad es tanto o más importante que las órdenes que pueda transmitir a sus jugadores.

En caso de balón perdido, mejor aplaudir, animar o motivar que echarse las manos a la cabeza. En caso de gol o canasta, mejor una celebración -por discreta que sea- que insistir en gritar o pedir defensa al equipo. Es psicología básica. “Body language”, como dice Green. Qué importante es y qué poco se tiene en cuenta.

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