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Los peligros de la mala gestión del ‘Big Data’ en el Deporte de Base

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Hace no demasiado, un analista de un equipo de Primera División me comentó que cómo era posible que, con los datos en la mano, desde el Big Data, un jugador parecía que había logrado el mismo rendimiento en la primera vuelta de la temporada que en la segunda, mientras que tanto las crónicas deportivas, como la impresión que tenían los técnicos era que su rendimiento e influencia en el juego era mucho mayor en la segunda vuelta que en la primera.  Me preguntaba que si podía ser por la influencia sobre el grupo o algún otro aspecto psicológico que se le escapaba.

También, hace algún tiempo, escuché a un entrenador, en una conferencia, que una vez le pasaron los datos, esos grandes datos, Big Data, de dos jugadores que aparentemente tenían resultados similares, aunque en la práctica no tenían nada que ver, según él.

O cuando, hace poco más de una semana aparecía en El País (el 25 de septiembre), una entrevista a Robert Lewandowski donde sentenciaba:

“… en esta industria cada vez hay más gente que no ve los partidos, ni analiza lo que ocurre porque en la modernidad cada vez hay menos paciencia para ver atentamente los 90 minutos de los partidos, y solo ven las estadísticas y el ‘big data’”.

Big Data, grandes datos. Cuánto corre un jugador, los pases que hace, los goles, velocidad… y muchos más datos que se supone que dan mucha y buena información en relación al rendimiento. Son datos cuantitativos que miden todo lo que pasa.

Bueno, ¿todo? ¿También por qué no parecía haber diferencia en los datos de un jugador en la primera vuelta que en la segunda? ¿porqué dos futbolistas que aparentemente, por sus datos eran similares, en la práctica la diferencia era enorme? ¿Qué quiere decir Lewandowski cuando dice que sólo se ven las estadísticas y el “big data”?

Falta el componente cualitativo, la tremendamente importante y determinante calidad, cuando y cómo se hacen las cosas.

Porque no es lo mismo un jugador que hace un pase, que un jugador que hace un pase similar, aunque justo con esos veinte centímetros más adelantado midiendo el espacio y el tiempo para que el compañero juegue con ventaja. Ni tampoco ese delantero que lanza 10 veces a portería de cualquier manera, que ese otro que lo hace buscando su mejor espacio; o ese otro futbolista que es capaz de desmarcarse para que su compañero reciba sólo, que el que busca recibir para finalizar siempre… porque ese aspecto cualitativo, esa calidad, es difícil de ver a simple vista sólo con los grandes datos.

Imagínense, si esto es complicado para los grandes analistas de deportes como el fútbol (que buscan la manera de tener en cuenta todos estos aspectos y sacar el mejor partido), lo que puede significar el manejo de cierta información en los padres o entrenadores de base… que si cuántos goles has marcado, paradas, tiros a portería, entradas… a saber. Y la evaluación que puede recibir el niño o joven jugador sobre cómo ha jugado, si sólo nos centramos en esa cierta moda que tiene que ver con el único manejo de datos.

¿Qué pasa con el estar bien colocado en el campo? ¿Qué pasa con el ayudar al compañero (cooperación), con el superar momentos complicados en el juego (resiliencia), el esforzarse con cabeza en busca de objetivos ilusionantes (reto)…? ¿Qué pasa con todos esos aspectos cualitativos que hace que las personas crezcamos como personas y como deportistas? ¿Quién se encarga de valorar todo eso que además marca la diferencia?

Esto de los datos no es nuevo de ahora, aunque sí es cierto que ahora se tienen muchos más elementos de análisis en este sentido. Y pueden ser datos importantes que facilitan el rendimiento en todos los aspectos, pero hay que saber manejarlos y verlos en perspectiva (como por cierto hacen los profesionales con el mejor criterio). Los datos al servicio de los técnicos, deportistas… y no al revés, por favor.

Recordemos que la gran diferencia la marca la calidad en el pase, en el desmarque, en la superación de adversidades, en la capacidad de trabajar en equipo, en llegar un segundo antes, en centrarse en lo que depende de uno… Valorémoslo. Recordemos esto cuando veamos una competición o entrenamiento de deporte de base: hay algo más que datos cuantitativos; existen personas que tienen algo único, que son sus cualidades, sus aspectos cualitativos. Valoremos todo eso, que igual es más importante, y que tiene que ver con la persona y su forma de funcionar que, además es deportista.

David Peris Delcampo
@dperisd
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Entrenador Nacional de Fútbol y también de Fútbol Sala
Profesor de la Universitat de València
Presidente de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte

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