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Luz al final del túnel: el día que Pablo volvió a jugar con sus compañeros

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El fútbol base es un deporte igualitario casi a todos los niveles. Basta con la equipación, las botas, una pelota y un terreno de juego donde entrenar o jugar. En ese momento, todos los integrantes de un equipo comparten pasión, diversión y formación. Pero tras regresar a casa, la realidad de cada niño o niña puede ser muy diferente.

El pasado fin de semana, el CD Atlético Nazaret preparó una sorpresa a Pablo. Las siguientes líneas están llenas de crudeza y de dolor, pero no se desanimen: el final merece la pena.

Pablo es un chico que milita en el equipo Infantil de la escuela y que procede de una familia desestructurada. El divorcio de sus padres provocó que la custodia quedase en manos de su madre. Su padre se marchó al norte a trabajar y está empleado en Santoña (Cantabria). Legalmente sólo se le permite venir un puñado de ocasiones a Valencia para estar con su hijo en fechas festivas (Fallas, verano, Navidades, etc).

La situación de Pablo en casa era todo lo contrario a idílica. Hasta el punto que, hace tres meses y mientras las competiciones de fútbol base seguían paralizadas, se produjeron sucesos desagradables. “Por desgracia, en el mundo de los niños no todo es color de rosa. Había problemas en casa con agresiones tanto físicas como verbales. Mientras el chico iba al colegio por la mañana y venía a entrenar por la tarde no había problema, pero con los dos confinamientos de este pasado año la cosa cambió…”, explicaba en ESPORTBASE Radio Vicente Vivó, vicepresidente deportivo del CD Atlético Nazaret.

Según cuentan desde el club, el niño sufrió malos tratos e incluso malnutrición. Con la ayuda de varios vecinos que denunciaron la situación, Pablo acabó en marzo en un centro de asuntos sociales para “resguardar al menor de la madre”. “El niño no comía lo que tocaba. Nos llamó la atención lo discretamente que lo llevaba, las muchas horas que pasaba en el campo de entrenamiento, intentaba ejercitarse no sólo con sus compañeros sino con otros equipos para no tener que regresar a casa”, confesó el responsable deportivo. El fútbol era su válvula de escape, “un sitio en el que el niño estaba a gusto“.

Cuando el Nazaret conoció el ingreso de Pablo en el centro, “empezaron a cuadrar muchas cosas”, como las marcas de golpes que traía de vez en cuando o su insistencia en pasar mucho tiempo en las instalaciones. El padre contactó con la escuela -no tenía manera de comunicarse con su hijo- y se enteró lo sucedido. Pasaron las semanas, los meses, y la situación administrativa respecto a la custodia se demoró. Así que el padre de Pablo vino a Valencia el pasado fin de semana. Ahí empezó a gestarse la sorpresa para el chico.

Vuelta al césped, capitán… y gol

“Empezamos a prepararla una vez supimos que el padre iba a venir. Pablo pasó el sábado con su tutor, regresó al centro por la noche a dormir. El padre fue a recogerle el domingo. Pablo no sabía que iba a ver a su padre. Esa fue la primera sorpresa. Como dentro del centro no tienen redes sociales, Pablo cogió el teléfono de su padre y no se dio cuenta de que le estaban llevando al campo del Juventud Manisense“, recordó Vivó. Al llegar allí, el chico preguntó si de verdad iban a ver el partido de su equipo. Iban a hacer eso… y algo más.

“El resto de jugadores no sabían nada, era sorpresa. No sabían que Pablo iba a venir. Los directivos llevaron a Pablo al césped y, allí, el capitán del equipo le entregó una equipación, unas botas y unas espinilleras“. En medio de la bienvenida, Pablo comprendió entonces el alcance de la sorpresa: iba a volver a vestirse de corto para jugar un partido casi cinco meses después. Y, además, portaría el brazalete de capitán del equipo. “Las lágrimas le llegaban hasta las zapatillas”, recordaron desde el club.

Cuando se vio con la equipación puesta, “la alegría fue impresionante”, con el muchacho temblando por la emoción. El partido fue muy limpio, las relaciones entre Manisense y Nazaret son excelentes y, como guinda, Pablo marcó el último gol del partido. Un gol que puso en pie a todos los aficionados presentes, tanto locales como visitantes, ya que la historia de Pablo y la sorpresa de sus compañeros habían corrido como la pólvora entre los asistentes.

Un final ilusionante que no es un final, porque la situación familiar no se resuelve con un partido ni con un gol. Pablo regresó el domingo por la noche al centro de asuntos sociales y el proceso legal para su custodia sigue en marcha. Desde el Atlético Nazaret recalcan que “no es el primer niño, ni va a ser el último” con problemas de este tipo, y recalcan la valentía de estos chicos que usan el deporte “como caparazón” para escapar de los problemas. “Por favor, que los padres no quiten el fútbol a los pequeños, es una válvula de escape y más en estos tiempos”, clama Vivó.

Precisamente el club termina reclamando “que no se tarde tanto” en asuntos tan claros como la custodia del muchacho. “En este caso hay un padre que pasa todos los días pensando en cuándo saldrá mi hijo de allí. Entendemos que es muy complicado, pero hay una familia que le respalda”, concluyen. Mientras llega la resolución de la justicia, Pablo ya sabe en primera persona que hay luz al final del túnel.

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