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Una Semana Santa atípica sin torneos de fútbol base

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Foto: Benidorm Cup

Pasan los días de confinamiento y la reclusión en nuestros hogares empieza poco a poco a convertirse en algo cotidiano, una normalización de lo extraordinario y que demuestra la capacidad que tiene el ser humano para adaptarse a los contratiempos más inesperados. Por fortuna, parece que la cuarentena está funcionando aunque las cifras de infectados y, sobre todo, de fallecidos sean inmensas, enormes, irreparables.

En el caso de los deportistas más pequeños de la casa, es el primer mes de abril en muchos años que no asociarán a la magia y la emoción de los torneos de fútbol base de Semana Santa. Una estampa clásica anual -igual que los torneos de Navidad o aquellos que se celebran en junio, al final de cada temporada- que, debido a la crisis del Covid-19, habrá que dejar para más adelante.

Es curioso lo de los torneos. Cualquiera pensaría que un niño o niño disputa con la misma ilusión e intensidad los partidos de liga cada fin de semana que estas citas especiales en el calendario, pero el ‘plus’ de motivación siempre aparece en estas citas. Quizá sea por el cosquilleo de emoción que provoca ‘competir’ a un nivel diferente, más a corto plazo, en situaciones en las que las rondas finales proporcionan al pequeño futbolista el primer contacto con una realidad binaria: o ganas y pasas a la siguiente ronda, o eres eliminado. No hay medias tintas. La creación desde hace unas temporadas de las célebres Copas Oro y Copas Plata dentro de los torneos habilita la opción de que haya más ‘ganadores’ o campeones, pero ese subidón de adrenalina propio de los torneos no lo ofrece ningún partido de competición regular.

Si bien se han sucedido los debates sobre la idoneidad o no de un volumen tan grande de torneos en momentos puntuales del calendario -para algunos la cifra es correcta, para otros es excesiva-, son discusiones que suelen competer a los adultos. No preguntes a un chaval si quiere jugar un torneo, porque su respuesta siempre será la misma: “¡Sí!”

Porque son oportunidades para la convivencia con sus amigos y compañeros, fines de semana en los que se viaja ‘en equipo’ a lugares o comunidades lejanas y, en casos puntuales, incluso a otros países. Porque son, en definitiva, experiencias fuera de lo habitual para ellos. Esa emoción no se puede reproducir en los partidos de cada fin de semana. Y, en 2020, esos ‘premios’ tendrán que posponerse para tiempos mejores.

Citas como la Benidorm Cup de Semana Santa y otros muchos eventos y torneos han pospuesto sus fechas para más adelante. Veremos cuándo y bajo qué condiciones se celebran (seguramente en los meses otoñales), porque el calendario apenas dará tregua una vez la crisis del Covid-19 pase. Pero esta Semana Santa, mientras los niños y sus padres permanecen en casa, puede ser buen momento para recordar experiencias en torneos pasados, viajes realizados en años anteriores y trofeos conquistados en temporadas ya finalizadas. Porque la ilusión también reside en hacer memoria y pensar que, dentro de muy poco tiempo, los más pequeños podrán volver a competir, disfrutar y hacer lo que más les gusta. Con sus padres detrás, por supuesto.

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