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Si quiere un campeón en la familia…

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Un padre, desde la grada, grita a su hijo “¡vamos!”, lo que provoca el disparo a portería desde una posición lejana e inadecuada. Le grita “¡bien!” con la mirada ¿extraña? del entrenador.

Otro, cuando acaba el partido le empieza a recriminar a su hijo qué es lo que ha hecho mal y qué podría haber hecho. Una larga charla que empieza cuando el niño sale del vestuario hasta que llega a casa, trayecto en coche incluido. Y más.

Padres (y madres) nerviosos porque sus hijos (e hijas) no rinden como “deberían” rendir. Algunos de ellos, además muy tóxicos para los que están a su alrededor y sus hijos/as. En lugar de disfrutar de la actividad deportiva con sus hijos/as, “aprietan”, se enfadan con los entrenadores o entrenadoras, coordinación (pensando que “no tienen ni idea”) o con todo el mundo que pretende truncar sus planes. Sus planes.

¿Cuáles son sus planes? Quizás ser el padre (o la madre) de un/a deportista de éxito famoso, “triunfador”. Y poder alimentar ese ego para demostrar a todo el mundo lo bueno que es como padre (o madre) porque ha sabido tener a un/a campeón/a. Esos planes. Esos que tienen como principal objetivo que su hijo/a sea un/a deportista de éxito, tener un campeón en su familia.

¿Y qué pasa con aprovechar las experiencias, con el desarrollo personal y deportivo, o con disfrutar de compartir momentos emocionantes con el hijo o la hija? ¿Y qué pasa con lo que quiere su hijo/a deportista?

El papel de padre o madre de deportistas es fundamental en el desarrollo de sus hijos/as. Pueden ayudar a que disfrute del deporte, se centre en aquello que es relevante para ayudarle a que sea mentalmente fuerte, previniendo de esta manera situaciones desagradables como el burn out; y para ello puede tener una comunicación fluida y adecuada con entrenadores y coordinación, respetando el rol de cada uno colaborando conjuntamente con los diferentes responsables deportivos por las vías adecuadas, actuando así como un buen padre o madre de deportista.

Ahora bien, si hace todo lo contrario, es decir, si contradice las instrucciones de los entrenadores; si en lugar de hacer que disfrute, le mete una enorme presión; si en lugar de hacer que esté centrado en lo que depende de él o ella, lo hace en el resultado por encima de todo; si asocia su valor como persona a si gana o pierde; si transmite que su padre o madre le querrá más si es campeón; si tiene comportamientos violentos (físicos o verbales); si no respeta a entrenadores, árbitros y demás… pues le está haciendo un flaco favor a su hijo/a: además de promover experiencias desagradables, está creando una persona dubitativa, miedosa ante una situación difícil, poco colaborativa con otros y, si no consigue ser campeón (cosa bastante probable por estadística pura y dura) la gran sensación de fracaso y de haber defraudado a su padre/madre, con la consiguiente influencia en su autoestima. En fin…

Hay una frase que he visto en redes sociales y en alguna instalación deportiva (y a la que no he conseguido atribuir autor), que reza: “Si quiere un campeón en la familia, entrénese. Mientras tanto, deje que su hijo juegue feliz”. Una frase, que se me viene de manera automática cada vez que veo situaciones como las descritas al principio de este artículo.

Es bueno hablar, escuchar, debatir si hace falta de la manera y por los cauces adecuados, colaborar, respetar, informar, trabajar coordinadamente… con técnicos, coordinadores, árbitros… cada uno desde su papel, de manera que todos hagan lo mejor para los/as jóvenes deportistas. Todos colaborando desde su parcela para lo mismo: que sea un deporte gratificante y beneficioso para los más jóvenes. Y eso, además, también aumentará las posibilidades de que después puedan ser deportistas de éxito.

Es bueno, para todos, trabajar juntos para que los jóvenes jueguen felices (con las condiciones adecuadas para su desarrollo deportivo y personal) y ya se verá lo de si es campeón o no, porque no podemos saber si será deportista de éxito o no, pero lo que sí va a ser es persona durante toda su vida, y las experiencias que viva, cómo las viva, las recordará e influirán en su desarrollo a lo largo de su existencia. Pues eso, “si quiere un campeón en la familia, entrénese. Mientras tanto deje que su hijo juegue feliz”.

David Peris Delcampo
@dperisd
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Entrenador Nacional de Fútbol y de Fútbol Sala
Presidente de la Associació de Psicologia
de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte

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