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¿Por qué seguimos promoviendo un deporte de base resultadista?

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Foto: Paco Polit

En general, preguntas de este tipo reciben los deportistas de base después de una competición/partido: ‘¿Cuánto has quedado?’; ‘¿Has marcado muchos goles?’; ‘¿Juegas de portero? ¿Cuántos goles te han metido?’; ‘¿Cómo vais en la clasificación?’… y en función de eso ‘qué buenos sois/eres’ o ‘qué malos, siempre estáis perdiendo’…RESULTADO.

O aparece el “pobrets” si un equipo de deporte de base ha perdido por un resultado abultado (cuando igual todos/as han disfrutado más o menos a través del juego). O se premia el marcar muchos goles, o dejar de encajarlos. O el trabajo de un equipo o un deportista por la clasificación o el resultado deportivo. Y aparecen las “broncas” por no hacer lo posible para ganar. O los lloros por un mal resultado. O el desánimo, las emociones desagradables, las conductas agresivas, los malos ejemplos. Por el ganar o perder. Por pensar en el RESULTADO.

¿Y el jugar? ¿Y disfrutar por el juego? ¿Y el mejorar, el intentar superarse? ¿Y las sensaciones agradables (físicas y psicológicas) que facilita la actividad deportiva? ¿Y el sentirse parte de un equipo? ¿O ser responsable? ¿Respetar a los demás? ¿Y el dar la sensación de que se ha luchado, junto con un equipo para alcanzar el mejor resultado, aún si no se ha logrado?… ¿Dónde queda todo esto?

Es psicología básica. Es motivación, enfoque motivacional: si lo que nos “mueve” es el resultado (que no depende exclusivamente de lo que hacemos) funcionamos de una manera; en cambio si lo que nos mueve es nuestra propia forma de actuar, todo cambia. Es la diferencia entre enfoque motivacional centrado en el RESULTADO y en el centrado en la TAREA. Y en general, lo estamos haciendo mal, muy mal. El mundo al revés.

Un niño, una niña, de tres, cuatro, cinco… años, cuando juega en el patio del colegio, o en el parque, con sus amigos/as en un juego donde se mide a otros quiere superarse y superar al otro/a.Sólo hay que acercarse a ver cómo funcionan: quieren vencer pero haciendo lo que mejor saben, intentando ser mejores, disfrutando de la experiencia, esforzándose a su máximo (su propia TAREA). Está el resultado presente, pero no juegan para el resultado: juegan por el placer de jugar, de esforzarse, de divertirse, de relacionarse con otros, de aprender cosas nuevas… están centrados en sí mismos, no en si ganan o pierden. Y, a medida que van creciendo, la sociedad, los mensajes, los adultos (y no tan adultos) corrompemos (en general, entiéndase) todo eso. Cambiamos el enfoque motivacional, lo que mueve a los/as niños/as por jugar, por hacer deporte. Rompemos la magia y, al mismo tiempo generamos niños/as que serán jóvenes y después adultos ansiosos por miedo a perder, que abandonan su práctica deportiva por pasárselo mal (ver “burnout en el deporte de base”), que “huyen” de las situaciones complicadas porque lo pasan realmente mal y no saben cómo afrontar esos momentos difíciles.

Como ya dijimos en otra ocasión (ver “cómo fomentar la fortaleza mental en el deporte de base”) los/as deportistas que funcionan bien, cuando actúan, cuando compiten, se centran en lo que depende de ellos. Como un/a niña/o de tres años. Quieren ganar, claro, pero haciendo lo que mejor pueden hacer, se centran en su propio trabajo.

Y no se trata de eliminar el resultado, sino de potenciar el que deportistas de todas las edades (sobre todo los más jóvenes) valoren lo que hacen (tarea), y no tanto lo que consiguen (resultado). Se trata de generar las mejores condiciones (ver “experiencias a la saca”) para que deportistas de todas las edades compitan centrados en ellos mismos, no en factores externos. Y disfruten haciendo eso.

Tendríamos que trabajar todos juntos para que los deportistas de base quieran ganar (obvio, es deporte) pero centrándose en sí mismos, en su trabajo en equipo, en lo que depende de ellos (enfoque motivacional centrado en la TAREA). Y estamos haciendo lo contrario. Está presente el RESULTADO. Muy presente.

Es un buen momento para dejar de pensar en marcadores abultados, y en lugar de eso crear las condiciones para que todos/as los niños/as que hacen deporte tengan unos contextos donde todos/as puedan desarrollarse y expresarse a través de cada situación deportiva. Es el momento de trabajar para que los padres y madres tóxicos dejen de corromper más el deporte y continúe siendo un genial juego apasionante, y se valore más a los “buenos padres y madres” que saben bien lo que hacen. Es el momento de que todos/as entendamos que árbitros/as y jueces, entrenadores, dirigentes, padres y madres, y demás personas involucradas en el deporte de base tienen una gran labor educativa y deberían saber qué hacer para potenciar, desde el rol de cada uno, el deporte de base.

Y, por suerte, tenemos una ciencia, que es la psicología (en este caso aplicada al deporte), que bien utilizada, sabe cómo crear esas condiciones idóneas para deportistas jóvenes. No se trata de hacer cualquier cosa o de cualquier manera, se trata de potenciar el enfoque motivacional centrado en la TAREA (que no es olvidarnos del resultado, aunque sí actuar en función de lo que depende de cada uno), entre otras cosas, para “crear” futuros deportistas y personas adultas fuertes mentalmente que se sentirán capaces de afrontar los diferentes retos que les deparará la vida.

Es trabajo de todos/as. Por la calidad del deporte de base, nos toca, a todos/as, hacerlo BIEN.

David Peris Delcampo (@dperisd)
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Entrenador Nacional de Fútbol y de Fútbol Sala
Profesor Universitat de València
Presidente de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte

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