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Sí, hay ‘buenos’ padres y madres en el deporte de base

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Por la razón que sea, tanto en los medios de comunicación como en las diferentes conversaciones de los “bares” y en otros lugares, se presta mucha más atención a las “cosas que se hacen mal” que a aquellas personas, actos… que son dignos de admiración por su buena labor en este u otro campo. Ciertamente, esto desde el punto de vista del aprendizaje, es una contradicción, ya que es mucho más adecuado intentar reproducir comportamientos beneficiosos, en lugar de castigar los perjudiciales; y al menos habría combinar ambas propuestas siempre con una mayor atención a la búsqueda de reproducir comportamientos adecuados que a eliminar los inadecuados.

En el deporte de base pasa igual. Es mucho más visible el padre o la madre que “destaca” por su mal comportamiento, su “toxicidad”, por el querer ser protagonista, por ser el que “pega la paliza” a los entrenadores y dirigentes… que aquellos otros que “están ahí”, al lado de sus hijos/as haciendo bien su labor. En este artículo vamos a analizar esta cuestión, con cuatro preguntas y cuatro respuestas para cada una de ellas;con el principal objetivo en mente (como de costumbre en esta sección) deofrecer las mejores condiciones a jóvenes deportistas para que se beneficien al máximo de su deporte, en este caso desde el importante papel que tienen los familiares en generar ese entorno facilitador.

¿Hay padres y madres que benefician a sus hijos/as en el deporte?

Pues sí, hay padres y madres que crean ese entorno facilitador para que sus hijos/as adquieran una serie de valores (1), hagan que se beneficien al máximo de la actividad deportiva que practican (2) y eso, además, les da herramientas psicológicas (3) para enfrentarse a las diferentes situaciones que van a experimentar en su vida cotidiana. Y quizás aparecen como “invisibles” porque su principal objetivo (4) es que su hijo/a practique una actividad deportiva con unas buenas condiciones, sin estar centrado en “otras cosas”.

¿Cómo se comportan esos padres y madres?

Un padre o una madre (y otros familiares) que crea unas buenas condiciones para la práctica deportiva de sus hijos/as, entre otras cosas:

  • Acompañan(disfrutando también de esos momentos) a sus hijos/as en el deporte siempre que pueda, y si no puede estar presente, sus hijos/as saben que les apoyan, sienten “que están ahí”, pase lo que pase: en las competiciones animan, no dan indicaciones; después de los partidos no critican, comentan y les ayudan a sus hijos/as a aceptar con naturalidad lo que ha ocurrido; favorecen que sus hijos/as asuman el compromiso que supone ser deportista en ese club determinado…
  • Se preocupan porque la práctica deportiva de sus hijos/as sea de calidad (con experiencias gratificantes y enriquecedoras), con entrenadores cualificados y un deporte que funciona bien para su hijo/a.
  • Respetan el trabajo de entrenadores, dirigentes y árbitros, aunque son capaces de decir lo que piensan sin “ser pesados”, en aquellos momentos que consideren hacerlo, por las vías adecuadas, con respeto y eligiendo bien cuándo para no entorpecer en el funcionamiento de la actividad deportiva. En este sentido, son un buen modelo de comportamiento que sus hijos/as imitarán.
  • Los mensajes que les transmiten a sus hijos/as, están relacionados con centrarse en el esfuerzo, en lo que depende de ellos y, aunque tienen el resultado presente, lo primero es la diversión, el aprendizaje, esfuerzo, compromiso…: preguntan a sus hijos cómo se lo han pasado, o les valoran el esfuerzo, siendo honestos… en lugar del típico “cómo habéis quedado”.

¿Tiene algún “peligro” comportarse como “buen” padre o madre en el deporte?

Lamentablemente, como comentamos en artículos anteriores, existen ciertos prejuicios y acciones que perjudican a esos “buenos padres y madres de jóvenes deportistas”:

  • Los padres tóxicos que enturbian el entorno para “que se haga lo que ellos quieran” destruyendo en lugar de construir.
  • Lo que se ha llamado como “el síndrome de la amapola alta” donde se “pisa” a aquellos que destacan y como los “buenos padres” son reconocidos implícita o explícitamente por otros padres o entrenadores, se les intenta “cortar la cabeza” por destacar.
  • Los prejuicios, en un deporte en el que parece que, por ejemplo, para hacerlo mejor “se tiene que hacer más” o que un padre “tiene que dar buenas instrucciones a sus hijos” (cuando realmente no es así); y puede haber una excesiva “presión social” por hacer lo que “aparentemente es mejor” (aunque, repito, no sea cierto), e incluso esa presión puede “quemar” tanto a padres como a hijos/as. No hay que hacer más, sino mejor (que seguramente será hacer menos pero con más calidad).
  • La sensación que pueden tener algunos entrenadores de que, como los “buenos padres no dicen nada, no protestan”, pues “hago caso a los que me pegan la paliza para que me dejen tranquilo” (como, por ejemplo, ejemplificaba Alberto Contador en conversación con Vicente del Bosque en el periódico “El País”).

¿Qué podemos hacer para ayudar a que haya “buenos” padres y madres en el deporte de base?

Entre otras cosas, los clubes o entidades deportivas pueden favorecer a los “buenos” padres” y madres (y fomentar que “sean” cada vez más) al:

  • Definir claramente lo que se espera de los padres y las madres (y demás familiares) en el club deportivo y transmitirlo adecuadamente.
  • Reforzar adecuadamente los buenos comportamientos de “buenos padres y madres”, dando visibilidad a esas conductas que se quieren repetir y “contagiar” a todos los familiares de deportistas.
  • Proteger a los “buenos padres” de los “ataques” que reciban (por ejemplo de los padres tóxicos), tomando las medidas adecuadas (como por ejemplo reconocer comportamientos de acoso o bulling y hacerlos frente con buen criterio).
  • Realizar un buen trabajo con padres y madres de deportistas, desde el propio club, para ayudarles a que entiendan que su papel es fundamental y hagan lo mejor para sus hijos/as en el deporte.

En definitiva…

El deporte puede ser muy beneficioso para los jóvenes, pero sólo si las condiciones son adecuadas. Si los padres y las madres se comportan “bien” y ayudamos a que esto sea así, fomentaremos (entre todos) que los/as jóvenes deportistas sean cada vez más fuertes mentalmente. En nuestras manos está hacer un buen trabajo al respecto.

David Peris Delcampo (@dperisd)
Psicólogo Acreditado como Experto en Psicología del Deporte.
Entrenador Nacional de Fútbol y de Fútbol Sala.
Profesor Universidad de Valencia.
Presidente Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA).
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte.
Autor de “Los padres son importantes… para que sus hijos hagan deporte”

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