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‘Jugar, jugar y jugar’: así se lucha contra el ‘burnout’ en deporte base

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La semana pasada hablaba con uno de los psicólogos de un club importante de la Bundesliga (y que ahora tiene dos hijos pequeños) y me comentaba que si sus hijos son buenos y juegan a fútbol, no les llevará a un equipo profesional hasta que tengan al menos 12 o 14 años. Me decía que en edades tempranas, una vez que en Alemania un joven jugador ficha por un equipo “grande” entra en una espiral de trabajo orientada exclusivamente al fútbol, con horarios bastante estrictos y muy enfocados a todo lo que, aparentemente, tiene que ver con el fútbol; y muchos se agobian. Pero, claro, “a mucha cantidad de jugadores… aunque se pierdan muchos por el camino, siempre quedarán ¿los más fuertes?” (¡Buff!)

El pasado 12 de marzo en un periódico importante de tirada nacional hablaba de que más de un 30% de deportistas jóvenes, a los 12 o 14 años, se “queman” y tienen síntomas como falta de sueño, mal apetito, malestar emocional… y sobre todo muchas ganas de dejar su deporte que había sido el favorito. Es el “síndrome del burnout o estar quemado” que se lleva estudiando desde la psicología en el mundo del deporte desde hace años.

Y niños de cinco años que firman con un equipo con cláusula de rescisión. O los de diez, once años que no duermen porque tienen miedo a defraudar a sus padres, o entrenadores, o a que “por su culpa” su equipo pueda descender de categoría.

Y los padres y las madres (a los que nadie ha asesorado) que se creen que su hijo será un próximo Messi, o Cristiano, o Parejo, o Morales, o Cazorla… y parece que “tienen que controlar todo”, y “exprimirle al máximo” y presionar a los que “tienen” que ayudar a su hijo por “la causa” (¿qué causa?), “pisando” a quien haga falta.

O ese entrenador que cree que hace lo mejor para sus jugadores, y busca ganar por encima de todo, porque le exigen eso, le han enseñado que eso es lo mejor o quiere obtener un cierto ¿prestigio? a costa de eso.

O el club que sabe que una buena clasificación de sus equipos de base significa un mayor número de inscripciones que “pagan” y por ello centran todo su esfuerzo en alcanzar una buena clasificación, y el jugador en sí ya no es prioritario (sí el rendimiento de cada futbolista).

Deberíamos controlar todos estos aspectos; manejarlos adecuadamente. Por los jóvenes deportistas.

Mare de Déu, ¿qué estamos haciendo?

Foto: Soccer Today

La sociedad está cambiando a pasos agigantados. Cada vez más la ¿información? está más libre y mucha de ella de más que dudosa calidad. Cualquiera puede meterse en internet y encontrar lo que esté dispuesto a encontrar. Y los modelos: se nos plantean grandes deportistas sin mostrar el camino, sin valorar la necesidad de una buena formación personal, sin analizar adecuadamente todos los aspectos. Además, queremos una información rápida y simple, sin un gran análisis previo. Parece que cualquiera sabe mucho de todo (¡Buff!).

Pero lo cierto es que somos personas. Y las personas rinden, cuando se ayuda a que la persona rinda. Sabemos que los que mejor funcionan son los que están centrados en su juego, disfrutan dando su máximo y quieren aprender cada día aceptando objetivamente las circunstancias de cada momento. Es decir, JUEGAN. No hacen “otras cosas” cuando practican deporte.

En el deporte juegan ocho contra ocho. O cinco contra cinco. U once contra once. Dos contra dos. O uno contra uno. Ahí sólo vence quien compite mejor, quien hace mejor su trabajo, quien juega mejor. En el deporte no hay mentiras que valgan.

Parece que, en general estamos equivocados en muchas cosas que hacen que nuestros jóvenes se olviden de jugar: que si “tengo que ser el mejor”, “no puedo descender”, “no puedo fallar a las expectativas de mis padres y entrenadores”, “tengo que entrenar muchas horas para ganar mucho dinero”, “tengo que jugar en ese u otro equipo porque si no….”, “a ese (mi compañero) no se la paso porque es mejor que yo y me va a quitar el sitio”… No juegan: hacen otra cosa que, además, les hace miedosos, sin hacer su máximo y rindiendo cada vez peor… y disfrutando cada vez menos del deporte que siempre le ha gustado.

Deberíamos, entre todos, trabajar para que los más jóvenes estén centrados en el juego, en lo que depende de ellos, en jugar, jugar y jugar. Eso de ganar (o perder, o empatar) debería ser una consecuencia, no el fin. Deberíamos, entre todos, favorecer que los más jóvenes disfruten, aprendan, trabajen en equipo, se esfuercen y se respeten dentro de su deporte, sólo (ni más ni menos) jugando, jugando y jugando. Si no es así, además de “crear” deportistas miedosos, provocamos el burnout, que se quemen y que quieran abandonar su deporte favorito.

Es un trabajo de todos (dirigentes, informadores, entrenadores, técnicos, árbitros, psicólogos…). Fomentemos el “jugar, jugar y jugar” (con criterio, profesionalidad y determinación). Por los deportistas y sobre todo las personas del futuro.

David Peris Delcampo
Psicólogo del Deporte
Presidente Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana

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