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Padres tóxicos en el deporte de base

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Foto: ANEFF / Esportbase

Y digo ‘padres’ porque entiendo que son los progenitores masculinos los que copan en su gran mayoría esta ‘clasificación’ en el deporte, aunque tampoco descartemos…

Una persona tóxica, según define Bernardo Stamateas (psicólogo autor del libro “Gente Tóxica” y sucesivos) es aquella que solo piensa en sí misma (aunque aparentemente no lo parezca); tiene un discurso pesimista y negativo en el fondo y quizás no en la forma (haciendo un drama de situaciones cotidianas, tendiendo a ver el lado pesimista de las cosas); asume el rol de víctima con mucha facilidad; realmente no tiene capacidad de autocrítica y vive en tensión constante porque cree que “el mundo está en su contra”.

Es capaz de hacer críticas inquebrantables buscando a cada momento tener razón. Manipula, “camela” y aplica múltiples estrategias para ser el centro de atención y salirse con la suya. Es muy hábil generando ese entorno tóxico donde nada avanzará si no es con su beneplácito. Y aun así, puede disimular todo eso con una apariencia de “bueno”, “experto” en el tema (si se trata de actividad deportiva en el deporte que se trate) en cuestión y de “querer lo mejor” para el equipo, su hijo/a y sus compañeros/as…

Y claro, en el deporte de base hay personas. Y algunas (quizás más de las que nos pensamos) actúan de manera tóxica. Algunos/as son padres (¿madres?) tóxicos.

Un padre tóxico en el deporte mandará mensajes, por las vías que considere, para que su idea esté presente y los demás le den la razón. Buscará aliados en el grupo de padres que le “sigan la corriente” y le “rían las gracias”, donde se sienta importante; si alguien le lleva la contraria utilizará hábilmente estrategias de manipulación dividiendo el grupo y haciéndose la víctima. Y eso delante de una “fachada” de “buena persona”.

A los que considera están en su grupo, les dará “todo” y les “defenderá a muerte” pase lo que pase (haciendo su “mini equipo” más fuerte); mientras que los que no, recibirán desprecios y/o críticas sutiles sin compasión (aunque hábilmente disimulados por su fachada bien construida). A pesar de que pueda parecer lo contrario, no quiere el bien del equipo (y a veces creo que ni hasta de su propio/a hijo/a), sino que todo lo que hace es pensando en él mismo y en imponer su criterio. No construye, más bien destruye para marcar un camino que tiene que ser como él quiera. Y, repito, lo disimula muy bien.

Ejemplos de comportamientos de padres tóxicos:

  • una madre aficionada a la fotografía me dijo una vez que su hijo de 6 años salió llorando en más de un partido porque otro padre le criticaba chillando durante los encuentros, y ella se dio cuenta al ver sus fotos que este padre (y su “grupo”) solo celebraba los goles de “su hijo y amigos” y no los que conseguían otros miembros del equipo.
  • un niño de nueve años le confesó a un entrenador que sólo le pasaba el balón a según qué compañero porque su padre le “daba la paliza” diciendo qué tenía que hacer y quién “era su amigo”.
  • otro colgaba en las redes sociales las bondades del equipo de su hijo/a y sólo citaba a su “cuadrilla”, no a los que no le “ríen las gracias”.
  • me contaron también que un padre buscaba la manera de influir en el entrenador con elogios hacia algunos, menosprecios hacia otros, haciéndose la víctima porque este o aquél “le trataba mal discriminándole”.
  • otro daba instrucciones a otros padres sobre cómo debían jugar sus hijos/as (tanto “en directo” o vía whatsapp) con críticas hacia sus “enemigos”; todo de manera sutil y bien preparada.
  • alguien era suficientemente hábil para prometer éxitos deportivos del equipo de su hijo/a e individuales de otros jugadores con estadísticas ficticias diciendo a otros padres lo que querían oír, creando su grupo de opinión y cuadrilla, y si no llegaba ese resultado, obviamente la “culpa” era del entrenador que no sabía… y podríamos seguir.

Los padres tóxicos son un verdadero peligro para el funcionamiento normal y adecuado de un equipo de deporte de base. Si se les da cancha, pueden ser capaces de, por ejemplo, inculcar su mensaje a otros padres para que se juegue de una manera o de otra: y cambiar la forma de jugar de su equipo con la consiguiente desesperación del entrenador. O crear un ambiente hostil donde se sienten cómodos, dividiendo al grupo de padres y deportistas. Y si te declaran su “enemigo”, prepárate: serás el blanco de críticas, quizás dejarán de hablarte y “por detrás” los mensajes hacia ti y hacia tu hijo/a serán… tóxicos, tremendamente tóxicos.

Los padres tóxicos son un ejemplo sobre cómo un comportamiento inadecuado de personas que influyen en el deporte de base (en este caso padres) puede cambiar totalmente el funcionamiento de un equipo y crear un ambiente conflictivo, inadecuado e incluso perjudicial para el desarrollo psicológico, social y deportivo de jóvenes deportistas. De ahí la importancia de trabajar adecuadamente con todos los agentes que influyen en el deporte para crear las mejores condiciones pensando en los y las jóvenes deportistas.

Por cierto, cualquier persona puede cambiar (los padres tóxicos también), con el trabajo adecuado y si realmente quieren realizar ese cambio. Y en algunas ocasiones, ni los propios afectados (en este caso padres tóxicos) son realmente conscientes del gran perjuicio que están provocando.

Se puede actuar para que los padres tóxicos influyan lo menos posible. Entre otras cosas se pueden delimitar los objetivos del club implicando a todo el mundo, crear normas conjuntas de funcionamiento, hacer reuniones específicas con objetivos claros, realizar talleres formativos que integren a todos/as bajo una misma idea…

En este sentido, y como ejemplo de ello, la Fundación Deportiva Municipal de Valencia con la colaboración de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA), dentro del programa “Elige esos cinco” ofertan un plan formativo para padres y madres de deportistas entre los que se ha desarrollado un video específico (que se puede ver en este artículo).

Porque al final se trata de crear las mejores condiciones para los jóvenes deportistas. Y todos/as tenemos nuestra responsabilidad, desde dirigentes, árbitros, entrenadores, FCAFE, psicólogos, cuerpo médico, delegados… Todos/as tenemos nuestro trabajo que hacer en el deporte de base. Facilitemos las cosas para que ese trabajo se realice BIEN.

Texto: David Peris Delcampo
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Entrenador Nacional de Fútbol y de Fútbol Sala
Presidente de la Associació de Psicologia de l’Esport de la Comunitat Valenciana (APECVA)
Vicepresidente de la Federación Española de Psicología del Deporte

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