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Padres y usuarios denuncian el estado de las instalaciones del Pont de l’Exposició

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Varios padres y usuarios de las instalaciones deportivas del Pont de l’Exposició denuncian el estado de las infraestructuras, focalizando sus críticas en tres aspectos: la humedad y frío producto de estar literalmente edificadas usando la roca del antiguo cauce del río Turia como una de sus paredes; la presencia de un sólo lavabo para dar servicio a centenares de personas cada día; y el estado del terreno de juego, caducado tras más de una década de uso y con riesgo de lesiones para los jugadores de cualquier edad que entrenan y juegan allí.

Dichas instalaciones son empleadas “a diario” por centenares de personas, según cuentan la media docena de usuarios consultadas por ESPORTBASE. Y, por razones desconocidas, desde su construcción hace más de una década todas ellas se ven obligadas a emplear un sólo aseo público en la instalación, ubicado justo al lado del acceso a vestuarios. “Es verdad que dentro de cada vestuario hay un lavabo”, indican, “pero en una mañana o tarde de fútbol pasan por el campo 500 o 600 personas, y la mayoría usan el único lavabo público disponible”. Una circunstancia que también dificulta su limpieza debido al uso constante del mismo.

En lo que respecta al terreno de juego, denuncian que el césped “ha caducado” su vida útil después de más de una década siendo escenario de entrenamientos diarios (dos escuelas comparten el uso del campo entre semana, en días alternos), partidos nocturnos (en ligas de fútbol-7) y competiciones los fines de semana. Gran parte del césped está aplanado debido a su uso extensivo, descolorido y debilitado, dejando a la vista zonas amplias donde el caucho es la principal superficie de apoyo. “Está para cambiar desde hace varias temporadas”, reclaman, “porque la probabilidad de que haya jugadores y niños lesionados es alta“. De hecho, ya ha habido un número más elevado de lo normal de jugadores con problemas de rodilla y menisco.

Sin embargo, el aspecto que más indigna a los padres y usuarios es el estado del edificio principal, proyectado y edificado mediante el uso de la roca natural propia del cauce del río Turia como una de sus paredes. Las consecuencias visibles son evidentes: un largo pasillo en el que una de sus paredes es irregular, con ‘picos’ que salen de ellas y pueden provocar rozaduras y heridas a jugadores y personal que transitan por el pasillo. “Es muy bonito, pero poco práctico: si al menos colocaran una mampara o cristal transparente…”, observan.

No obstante, sus efectos ‘invisibles’ son mucho más preocupantes: la roca natural destila humedades, especialmente en días de lluvia. En estos últimos casos, incluso, se suele encharcar el suelo del edificio. Aislar el interior del recinto es imposible por motivos propios de la construcción, lo cual se traduce en filtraciones de agua desde la pared, manchas de humedad en paredes, suelos y techos, un intenso olor y temperaturas más bajas de lo habitual en vestuarios, que ante el vaivén de niños “congelados” han visto como muchos de los chavales que se entrenan en las instalaciones deciden “irse a casa a ducharse”.

Unas condiciones que los clubes no son capaces de atajar por alta que sea la inversión que se haga en pintar, reparar y acondicionar el interior de los vestuarios: pocas semanas después, las manchas de humedad reaparecen como si nada. “Tal y como está construido, es como tirar el dinero al fondo de un pozo“, comenta uno de los usuarios, quienes esperan “soluciones” por parte de los responsables municipales de la instalación.

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