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Derbi valenciano: otra oportunidad perdida de dignificar una rivalidad

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Foto: Carla Cortés / PD

Arrancaré diciendo que cada uno puede vivir un partido como le de la gana y que esto no es sino la opinión de alguien alarmado ante la deriva radical que está adquiriendo no sólo este tipo de compromisos, sino toda la sociedad. Una opinión que estará más o menos fundamentada o acertada, pero que se ajusta a un razonamiento lógico. Si quieren ‘salseo’ puro y duro, de la vuelta. En serio. No somos partidarios de eso por estos lares.

¿Siguen ustedes leyendo? Bien.

El regusto post-derbi es amargo, y no tiene absolutamente nada que ver con colores. El tiempo y los años me han apartado bastante de esa trinchera. Apoyar a ambos equipos tiene esas cosas: tarde o temprano se miden sobre el césped y uno tiene que perder para que el otro gane, o viceversa. Nunca fui de empatar. Ni en el fútbol ni en la vida. Pero ese es otro tema.

Decía que el regusto quedó manchado por una polémica arbitral como hacía tiempo que no se veía, como la camisa blanca impoluta a la que le cae un vaso de vino encima. Puedes discutir sobre si la culpa es tuya por despistado o de tu mujer (o marido) por su patosa manera de pasarte la copa, pero el fin es el mismo: ruina total. Y condiciona todo lo que vino antes -no es juego de palabras buscado- y lo que vendría después.

Puedes hacer acopio de toda la objetividad de la que dispones y concluir que sí, que el gol anulado a Coke es un escándalo y marca inexorablemente el resultado final, y no por ello negar que el Valencia hizo méritos para ganar, que el Levante no se salió en ningún momento del partido antes de esa jugada y que hay un penalti a Kondogbia en la primera mitad por agarrón. Todo eso es cierto. También que el penalti sobre Zaza, en caso de haber sido en área rival, hubiese enardecido a todo Mestalla por su cuestionable claridad.

Y ahí está precisamente el problema de fondo, más allá de acciones puntuales: una gran parte de aficionados, de uno y otro equipo (en ese nutrido grupo incluyo a profesionales de la información, lo cual empieza a ser oxímoron de manera preocupantemente habitual), que son absolutamente incapaces de ponerse en la piel del seguidor rival.

Esa regla, la de ponerse en piel ajena, me ha funcionado siempre y me seguirá funcionando como índice de coherencia. Es cuestión de empatía. En el caso valencianista, de pensar cómo reaccionarían si Marcelo empujase a Ramos en área propia y Vietto rematase en solitario para marcar gol, sólo para que el árbitro lo anulase inexplicablemente a los pocos segundos. En el caso granota, de dar vueltas a cuánto protestarían si hubiese un agarrón claro en área rival a Pazzini que el árbitro no es capaz de ver.

Piénsenlo unos instantes. Un poquito más. En serio. Así. Eso es…

¿Verdad que no es tan difícil?

Pero parece serlo, a tenor del post-partido del domingo: protestas, enfrentamientos entre seguidores, insultos, redes sociales convertidas en vertedero de la palabra. Pocos, muy pocos -entre ellos, Marcelino y Muñíz, excelentes en sus ruedas de prensa sin altisonancias-, dignificaron un derbi apasionante en lo futbolístico con un análisis ponderado y realista de lo sucedido. Es más fácil faltar al respeto. También más popular. Con el agravante -y aquí llegamos al meollo de este escrito- de que cada vez son aficionados más jóvenes los que pueblan las gradas de los campos y ven, en partidos de rivalidad como estos, que la educación y la dignidad brillan por su ausencia.

Y, por imitación, esos preceptos son los que seguirán a rajatabla. Copiarán lo que vean. Seguirán a pies juntillas lo que les marquen sus mayores. Y acabarán pensando -equivocadamente- que cuando el árbitro cometa un error que les beneficie, eso es “lo que toca”, y que cuando les perjudique es que hay una campaña contra el club. Una tendencia cada vez mayor en todos los clubes de Primera. Una salida fácil, victimista, sencilla, que elude el foco del problema y te da una excusa infalible para todo, sea en el fútbol o en la vida. Porque sólo hace falta tener un pretexto a mano para hacer uso de él a la menor oportunidad.

Habrá quien cargue contra este planteamiento. Habrá quien habrá quien haga mofa o chanza. Buena suerte tratando de moverme un ápice de mi postura.

Reitero: más allá de los puntos sobre el campo, el derbi y su post-partido nos dejó una derrota aplastante para los aficionados del futuro. Enhorabuena a quienes han contribuido a ello.

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