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Psicología arbitral y por qué el VAR no solucionará (casi) nada

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Foto: Creative Commons

La figura del árbitro no ha existido desde siempre. Mediado el siglo XIX, cuando en los colegios ingleses se empezaba a pelotear a algo llamado football, no había reglas consensuadas de juego. Se confiaba en la honestidad y caballerosidad de los jugadores para resolver las disputas entre ellos.

Posteriormente, en 1871, una vez el juego tomó un carácter más competitivo, la Football Association Challenge Cup (FA Cup) acordó unas reglas que debían ser respetadas en todos los partidos. Surgió así la necesidad de un representante que velara por el cumplimiento de estas reglas, naciendo de este modo la figura del referee o árbitro.

La figura del juez arbitral ha traído polémica desde que el fútbol es fútbol. Como olvidar escándalos sonados como la llamada ‘Mano de Dios’. El gol que convirtió con esta extremidad Diego Armando Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México 1986, donde el trencilla concedió el tanto pese a las protestas de los jugadores ingleses.

O el famoso codazo de Tassotti, cuando el defensa italiano dejó con la nariz rota y entre lágrimas a Luís Enrique en el Mundial de Estados Unidos en 1994. El colegiado Sandor Puhl, no apreció nada punible y de paso nos dejó una de las imágenes más icónicas de los años 90.

Mucho se ha escrito sobre la personalidad de los árbitros, hostiles, poco dialogantes y con tendencia al protagonismo. Olvidan la difícil tarea que llevan a cabo, teniendo en cuenta que son parte esencial de la competición.

No son pocas las habilidades psicológicas que necesita trabajar un árbitro para el cumplimiento de sus funciones. Necesitará un adecuado nivel de concentración, atención y percepción; cuidar su autoconfianza; utilizar un apropiado estilo de comunicación; aprender a controlar su nivel de activación, así como el de estrés y ansiedad; y tendrá que regular su autocontrol emocional y la toma de decisiones.

Una toma de decisiones que, por si fuera poco, viene influenciada (además, con toda la intención) por factores generadores de ansiedad, tensión y estrés como son las críticas (cuando no amenazas y/o agresiones) de jugadores, técnicos y de la maravillosa hinchada.

Foto: Creative Commons

Se hace difícil suponer que una persona pueda entrenar estás habilidades adecuadamente por ella misma. Lo ideal sería que tuvieran la ayuda de psicólogos deportivos, pero la realidad es otra y excepto contadas excepciones, este apoyo exterior no existe.

Ahora piensen en todos esos árbitros ejerciendo por las categorías inferiores del futbol español. Segunda División B, Tercera, Primera y Segunda Regional, juveniles, infantiles, cadetes, amateurs… Su trabajo es examinado con lupa. Si sometiéramos a nuestros políticos a ese nivel de escrutinio, seríamos la primera potencia mundial.

¿No empiezan a pensar que la labor arbitral está poco valorada? Menudos héroes aquellos que deciden dedicarse a ello.

Con la finalidad de acabar con tanta polémica, la FIFA está implementando el Video Assistant Referee (VAR). Un sistema de vídeoarbitraje donde un conjunto de cámaras retransmiten el partido en una sala independiente en la que se encuentra un conjunto de expertos revisando las jugadas dudosas.

El funcionamiento, será el siguiente: el árbitro informa a los asistentes de vídeo para que revisen una incidencia o una decisión tomada en el campo. Los expertos reproducen las imágenes en la sala apartada del campo y le comunican al árbitro lo que ven en la pantalla. El árbitro toma la decisión final tras ver el vídeo en el lateral del campo basándose en lo que le han comunicado los asistentes.

En mi opinión, a no ser que se cree un modelo automatizado de toma de decisiones en base a algún algoritmo (todo llegará), es de suponer que tanto el colegiado de la contienda como los ‘expertos asistentes de vídeo’ van a ser seres humanos y estos, como todas las personas, estarán sujetos e influenciados en la toma de decisiones por variables psicológicas, sistemas de creencias, valores y emociones.

Por mucho vídeo y repetición que se emplee, toda decisión que tome un individuo tendrá que pasar por un filtro que se llama cerebro y acabará perdiendo toda supuesta objetividad buscada.

El VAR servirá para casos flagrantes pero que nadie se lleve a engaño: de la misma forma que hay jurados populares que absuelven culpables o políticos que aprueban leyes que nadie necesita, seguirá habiendo árbitros que tomen decisiones erróneas aunque vean vídeos que les muestren todo lo contrario.

La diferente interpretación de la realidad. Equivocarse. Eso es lo que nos hace humanos. Y ningún sistema de vídeos (por suerte o por desgracia) podrá evitarlo.

Texto: Jordi Mompó (psicólogo deportivo)
Contacto: psicomompo@gmail.com

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