Toda la información del fútbol base valenciano

Juego sucio en el fútbol base: ‘Tienen 12 años. Mirad lo que aprenden’

COMPARTIR
, / 2036 0

¿Hasta qué punto un niño es responsable de sus actos? Décadas de estudios sociológicos y de investigaciones sobre conductas infantiles arrojan infinidad de lecturas y conclusiones, pero hay una que suele aparecer de manera recurrente: el niño imita lo que ve. En el deporte y en la vida, los pequeños son auténticas ‘esponjas’ a la hora de fijarse en detalles, actitudes, comportamientos y gestos para, a renglón seguido, reproducirlos de manera fiel. “Si lo hacen los mayores, es correcto que yo también lo haga”, pueden pensar.

Entonces, nos topamos con situaciones como estas:

¿Cómo es posible? ¿Cómo puede un chico de 12 años pisotear y lesionar a un rival hasta provocarle heridas en los dedos de los pies con los tacos de sus botas? ¿Cómo puede el árbitro no darse cuenta de ello? ¿Cómo puede el entrenador del jugador agresor permanecer impasible ante esa actitud? ¿Cómo pueden los padres de ese jugador no horrorizarse ante un comportamiento de ‘matón’ de recreo?

El hilo de respuestas al mensaje de @San_Tipatico no tiene desperdicio. “El futbol ya no es deporte, es adoctrinamiento en el egoismo y la violencia mas burda”, “deporte infantil, el agujero donde los padres arrojan sus frustraciones” o “pásalo al rugby, es más noble” son sólo algunas de las reacciones de otros padres y usuarios a la foto.

Quizá las mejores reflexiones giran en torno al fenómeno del ‘bullying’ en el deporte y la puesta en práctica de juego sucio y violento por niños en edades en las que esas actitudes no deberían ni siquiera pasárseles por la cabeza. ¿Por qué optar por la violencia y el juego subterráneo en unas categorías en las que lo importante, sobre el papel, es la diversión?

Imágenes como la de esos calcetines ensangrentados deben hacer reflexionar a esos padres y entrenadores que alientan o, en su defecto, permiten esas actitudes bajo su manto protector. El joven jugador que pisotea a un rival con saña, que le insulta y menosprecia y hace uso de artimañas y trampas para ganar ventaja no es un deportista: es un granuja. Y aquel que lo instiga o permite es un cómplice. Ni más, ni menos.

“Luego esos niños llegan a la empresa y a la política y les da igual pisar y hacer daño con tal de conseguir su objetivo”, anuncia uno de los comentarios. Una verdad como un templo.

¿Es ese tipo de persona el que queremos formar?

Deja una Respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.