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Sólo nos quedan los niños (y el fútbol) para que el mundo tenga futuro

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Jugadores de San Pablo y Selección Sáhara conversan | Foto: Paco Polit

Jugadores de Grupo San Pablo y Selección Sáhara conversan | Foto: Paco Polit

Siempre hablamos, y más en este periódico, de cómo el deporte tiene la capacidad inigualable de transmitir valores. De cómo enemigos supuestamente irreconciliables han sido capaces de acabar compartiendo vestuario. Y de cómo los niños dan lecciones constantes a sus padres de la deportividad y tolerancia de las que muchas veces adolecen los mayores.

Del mismo modo, aunque la política esté en todas partes de manera inevitable, siempre estaremos a favor de evitar incluirla en el mundo del fútbol base. Porque no es incompatible explicar a nuestros niños aquello que sucede en el mundo con el hecho de inculcarles que todo eso poco o nada debería influir en lo que pase en un terreno de juego. Hemos dicho bien: ‘DE JUEGO’.

El COTIF de l’Alcudia tiene el estatus de ser uno de los mejores torneos de la historia de España. De haber ‘criado’ en su seno a jugadores que hoy marcan diferencias en las grandes ligas mundiales. Pero, sobre todo, de invitar a cualquier selección interesada en visitar l’Alcudia cada mes de julio, sin mirar nacionalidad ni carnet de militancia ni nada que se le parezca.

Este año, en el que ha redoblado su apuesta por los más jóvenes con el COTIF Promeses 2016, el torneo ha promovido un gesto que, más que deportivo, debería calificarse como solidario o humanitario. Un gesto de los que marcan a la generación que lo vive y a los que se agolpan alrededor del acontecimiento. Por primera vez en su historia, un conjunto Alevín formado por hijos de saharauis ha tenido la oportunidad de salir de su situación diaria de precariedad para disfrutar de unos días en lo que más les importa son dos cosas, que nosotros tenemos por básicas pero que para ellos son extraordinarias: enfrentarse a otros chicos de su edad en igualdad de condiciones y hacerlo sin ser señalados constantemente, sino en el marco de la igualdad absoluta.

En el cuadro de los equipos sub-20, entre otros muchos combinados, también se encontraba el equipo de Marruecos. Obviamente, con la pretensión de pasárselo igual de bien que cualquiera de los que tiene la suerte de formar parte de este torneo. Pero sin contar con que, una vez más, las guerras de los ‘adultos’ acabarían con la diversión de los más jóvenes.

La selección de Marruecos no se presentó al primer partido contra Argentina, perdiendo así 3-0 según las normas del torneo. La incomparecencia tuvo lugar como protesta por la presencia saharaui en el torneo y la exhibición de una bandera de su pueblo en la jornada inaugural el día anterior. Según fuentes consultadas, la orden de no presentarse llegó directamente del Ministerio de Deporte marroquí: los jugadores de la selección y sus técnicos se habían ejercitado por la mañana en el césped de Els Arcs y se hallaban en el recinto minutos antes de tomar la decisión de marcharse. Las caras de los jóvenes futbolistas sub-20 eran un poema. La situación no tiene visos de cambiar, por lo que seguramente una semana de fiesta acabe apareciendo reflejada periodísticamente -como está ocurriendo en este editorial- como una ramificación más de un conflicto político.

Las preguntas que nos hacemos son evidentes. ¿Qué pensaran los chicos sub-20 de todo esto? ¿Encontrarán de repente un motivo para odiar a sus ‘rivales’, todos ellos niños de 11 años, por haberles fastidiado algo con lo que llevaban largo tiempo soñando? ¿Será ese el germen de futuros enfrentamientos?

Salimos a cientos de muertos cada día en atentados terroristas. Y sólo nos quedan nuestros hijos para paliar el sufrimiento de las muchas víctimas de esta guerra global. Si usamos aquello que les apasiona -el fútbol, en este caso- como arma ideológica arrojadiza, el mundo nunca irá a mejor. Y si no vamos a mejor, no hay ni habrá nunca nadie a salvo.

PD: La imagen que ilustra este editorial no está elegida al azar. El fútbol siempre puede a las barreras ideológicas o fronterizas, sean literales o metafóricas: a la izquierda, niños Benjamines del Grupo San Pablo; a la derecha, chavales Alevines de la Selección Sáhara. No se conocían, pero jugaban en campos adyacentes. No necesitaron ni cinco minutos para charlar, encontrar una pasión común y congeniar. El fútbol fue, es y debería ser eso.

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