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El partido de los padres

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J. Enrique Rincón
Psicólogo deportivo / www.psicologiaparaentrenadores.com

Tras una primera fase de la competición de fútbol juvenil masculina casi plena de victorias, 9 partidos ganados, 5 por goleada, y 1 perdido, el equipo entrenado por Pedro se encontraba clasificado para la fase final con los mejores equipos de Valencia. Haber demostrado ser un equipo competitivo era el lado positivo del logro deportivo, pero este hecho también suponía para el equipo tener que valorar otros aspectos nuevos con los que se iban a encontrar. Habría mayor presión competitiva, al tener que jugar partidos muy complicados contra clubes muy organizados con excelentes jugadores, y probablemente se perderían muchos partidos, algo que iba a poner a prueba la fortaleza del equipo cada fin de semana.

El entrenador y su equipo técnico eran plenamente conscientes de este nuevo nivel de exigencia y estaban preparando adecuadamente a los jugadores con un clima motivacional apropiado. Pero, ¿y los padres de los deportistas? El vértice que completa el triángulo de la iniciación deportiva. ¿Sabrían aceptar que el equipo de sus hijos ya no iba a dominar la competición? ¿Entenderían que podrían perder varios partidos seguidos con resultados abultados? Es más, ¿comprenderían estos padres adecuadamente cuál sería ahora su papel, cuál era el partido que ellos debían de jugar?

Para conseguir este objetivo, Pedro (asesorado por el psicólogo deportivo de su club), preparó una charla informativa con los padres con el objetivo fundamental de ajustar sus expectativas a la nueva realidad competitiva. Informando a los padres convenientemente se consigue una implicación adecuada que no sea perjudicial para los deportistas. Si el entrenador deja libremente a los padres la creación de expectativas (teniendo en cuenta los buenos resultados de la primera fase), puede ocurrir, por ejemplo, que un padre piense que el equipo de su hijo va a ganar muchos partidos y ya se vea en la fase final del campeonato de España. Empieza la competición y en el primer partido recibe su dosis de realidad, el equipo de su hijo pierde 4-8 jugando contra un equipo que el año anterior quedó 7º clasificado de la competición. Lo más probable es que este padre sienta una enorme frustración y seguramente se convierta en un foco de tensión o mal comportamiento para el equipo y en un pésimo apoyo para su hijo.

Para evitar que se pudieran dar situaciones así y conseguir que los padres recibieran la información oportuna, Pedro desarrolló convenientemente en la reunión los siguientes puntos:

– El objetivo del deporte no es ganar.

– Los beneficios que siempre ofrece el deporte (independientemente del resultado).

– Los deportistas deberán aprender a afrontar las dificultades, aprovechando las derrotas “para ser más fuertes mentalmente”.

En definitiva, el objetivo de Pedro es conseguir trabajar con los padres de forma coordinada, que cada uno cumpla su papel, afrontando con realismo la competición y, fundamentalmente, que los padres ofrezcan el apoyo adecuado que ahora necesitarán los jóvenes deportistas.

Padres. ¿Qué hago con mi motivación?

En estas circunstancias, los padres pueden focalizar su interés en la progresión de su hijo viendo cómo se enfrenta y supera las adversidades. También deben aprender a “disfrutar viéndole competir con independencia del resultado” y reforzar sus avances técnicos. Asimismo, tienen que saber compensar una emoción negativa de su hijo tras una importante derrota ofreciéndole su comprensión.

Por ejemplo, en una conversación postpartido tras una nueva derrota de su equipo:

Dejando hablar a su hijo tranquilamente, escuchándole atentamente intentando conectar con sus emociones.

– Después los padres pueden compartir con su hijo otros aspectos del partido: una buena jugada que haya realizado o un robo de balón suyo que posibilitó un contraataque que acabó en gol.

Actuando de esta manera los padres aportan un equilibrio fundamental a su hijo, ayudándole en su evolución deportiva y humana, aprovechando positivamente la actividad deportiva y jugando el partido que a ellos les toca jugar.

* Referencia, “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo”, José María Buceta.

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