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¿Cuál debe ser el objetivo principal de una Escuela de Fútbol?

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Por David Llopis Goig. Psicólogo del Deporte
@davidllopisPS

Son muchos los jóvenes que cada fin de semana juegan a fútbol. En los campos predominan las ilusiones, las ganas de disfrutar y el deseo de ganar al equipo contrario. Afortunadamente, el fútbol es una de las actividades que los menores realizan con más interés y pasión. Y ese interés e implicación es el gran potencial que atesora como herramienta educativa. Sin embargo, debemos saber conjugar el deseo de ganar con la vertiente formativa del fútbol y eso, por lo que vemos en los campos, no es fácil y en muchas ocasiones no se está logrando.

Por este motivo es importante que no olvidemos por qué juegan los niños a fútbol. Cuando planteamos esta cuestión a los padres, la respuesta es rápida, clara y unánime. Los padres siempre contestan lo mismo, sus hijos juegan a fútbol porque les gusta, porque disfrutan, porque les encanta jugar a fútbol. Ese es el leitmotiv.

También es importante que los padres se planteen por qué han matriculado a sus hijos a una Escuela de Fútbol, realizando esfuerzos económicos importantes y sacrificios como prescindir del tiempo libre para poder llevar a sus hijos a los partidos. ¿Qué esperan los padres del fútbol?

Las respuestas a estas preguntas son más complejas y requieren reflexión. Las razones últimas, las que guían la decisión de los padres, giran fundamentalmente en torno a lo que podríamos denominar beneficios esperados de la práctica deportiva. Es decir, una de las principales razones por la que los padres y madres acceden a invertir tiempo y realizar esfuerzos personales y económicos es que piensan que jugar a fútbol les va a aportar beneficios en su desarrollo. Esperan que el fútbol beneficie su salud física, psicológica y social. Esperan que el fútbol les ayude a tener un estilo de vida sano, que adquieran valores como la responsabilidad, la disciplina, el compañerismo o el respeto. Esperan también que les genere relaciones sociales adecuadas y que mejoren sus capacidades de relación interpersonal. Que aprendan el valor del trabajo en equipo y que, en definitiva, les proporcione fortaleza mental.

Evidentemente, junto a estos beneficios los padres también argumentan, especialmente ellos, que en el fondo a ellos les apasiona el fútbol y por eso están encantados de que sus hijos quieran practicar este deporte que además les va a aportar los beneficios mencionados.

Sin embargo, frente a estas declaraciones de intenciones, nos encontramos con otros datos que también deben llamarnos la atención. ¿Qué vemos cuando acudimos a un campo de fútbol donde juegan los niños de futbol 8? ¿Realmente vemos los valores de los que hablábamos? ¿Respeto? ¿Compañerismo? ¿Autonomía?

En muchas ocasiones nos cuesta ver que realmente se estén dando los beneficios antes apuntados. Vemos gritos; falta de respeto a los árbitros y, en ocasiones, a los rivales; observamos la desproporcionada presión a la que algunos someten a los niños; el desmedido protagonismo de la victoria; la perjudicial actitud de algunos padres; el abandono prematuro de la práctica deportiva o la planificación de entrenamientos sin respetar algunos de los más elementales principios psicopedagógicos del aprendizaje deportivo.

Por todas estas razones, consideramos fundamental recordar qué es una Escuela de Futbol Base y cuál debe ser su objetivo principal. Una Escuela de Fútbol Base debe ser concebida como una organización con unas características especiales de funcionamiento, en la que los protagonistas son los niños y jóvenes que, a través de la programación y realización de unas actividades diseñadas siguiendo unos principios psicopedagógicos, desarrollan sus cualidades personales a través del fútbol.

Realmente, ¿son así las Escuelas de Fútbol? ¿Tienen como objetivo el desarrollo de los jóvenes o ganar? ¿Los responsables de dirigir las Escuelas comparten este objetivo y lo trasmiten a sus entrenadores y padres? ¿Los padres son conscientes del potencial del fútbol o solo les importa la victoria?

El potencial del fútbol como herramienta formativa es enorme. Ahora bien, para lograrlo habrá que invertir esfuerzos en clarificar los objetivos que debe tener el fútbol de iniciación y potenciar acciones que demuestren cuáles son esos objetivos. Una especial atención se tendrá que dedicar a aquellos padres que creen que sus hijos pueden llegar a resolver sus frustraciones personales y económicas a través del fútbol. Pero de este y otros temas nos ocuparemos ampliamente en otra ocasión.

Un comentario

  • Yainer dice:

    Totalmente de acuerdo, los niños deben ser enseñados desde el respeto, no importando el ganar o perder. La formación en valores a edad temprana, se convierten en el pilar fundamental para la vida futura.

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